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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Homilía de Francisco en la Vigilia por la Paz de Siria

SÍ A LA PAZ, NO A LA GUERRA
 
 En el espíritu de la invitación de la Jornada de ayuno y oración por la Paz en Siria, Oriente Medio y el mundo entero, presentamos la homilía del Papa Francisco en aquella noche de la Vigilia. El mensaje que ofrece Francisco no se limita al hecho de Siria, sino que alcanza al mundo entero. Que bien nos viene este mensaje en nuestro compromiso cotidiano por la Paz. Seguimos gritando: SÍ A LA PAZ, NO A LA GUERRA. También, Sí a la Paz en Sucumbíos, No a la guerra, no a la Intervención.
 
Aquí la Homilía del Papa Francisco.
 
Podemos preguntarnos: ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros?
 
1. Nos dicen simplemente que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es “casa de armonía y de paz” y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse “en casa”, porque “es bueno”. Toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación.
 
El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos: ¿No es ése el mundo que yo deseo? ¿No es ése el mundo que todos llevamos dentro del corazón? El mundo que queremos ¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?
 
2. Pero preguntémonos ahora: ¿Es ése el mundo en el que vivimos? La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay “violencia, división, rivalidad, guerra”. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo.
 
Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento. Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo (Gn 3,10), tiene miedo de la mirada de Dios; acusa a la mujer, que es carne de su carne (v. 12); rompe la armonía con la creación, llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo. ¿Podemos decir que de la “armonía” se pasa a la “desarmonía”? No, no existe la “desarmonía”: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo…
 
Precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se pierde la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia! Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas.
 
No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano. También hoy nos dejamos llevar por los ídolos, por el egoísmo, por nuestros intereses; y esta actitud va a más: hemos perfeccionado nuestras armas, nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles nuestras razones para justificarnos. Como si fuese algo normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte. La violencia, la guerra traen sólo muerte, hablan de muerte. La violencia y la guerra utilizan el lenguaje de la muerte.
 
3. En estas circunstancias, me pregunto: ¿Es posible seguir otro camino? ¿Podemos salir de esta espiral de dolor y de muerte? ¿Podemos aprender de nuevo a caminar por las sendas de la paz? Invocando la ayuda de Dios, bajo la mirada materna de la Salus populi romani, Reina de la paz, quiero responder: Sí, es posible para todos. Esta noche me gustaría que desde todas las partes de la tierra gritásemos: Sí, es posible para todos. Más aún, quisiera que cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta el más grande, incluidos aquellos que están llamados a gobernar las naciones, dijese: Sí, queremos. Mi fe cristiana me lleva a mirar a la Cruz. ¡Cómo quisiera que por un momento todos los hombres y las mujeres de buena voluntad mirasen la Cruz! Allí se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte.
 
En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz. Quisiera pedir al Señor, esta noche, que nosotros cristianos, los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son camino para la paz! Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano ¡pienso en los niños! y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha perdido; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro. ¡Que se acabe el sonido de las armas! La guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad. Resuenen una vez más las palabras de Pablo VI: «Nunca más los unos contra los otros; jamás, nunca más… ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!» (Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965: AAS 57 [1965], 881).
 
«La Paz se afianza solamente con la paz; ¡la Paz se afianza solamente con la paz! La paz no separada de los deberes de la justicia, sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976: AAS 67 [1975], 671). Hermanos y hermanas: perdón, diálogo, reconciliación son las palabras de la paz: en la amada nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo. Recemos esta tarde por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz. Amén.

lunes, 9 de septiembre de 2013

EL GRITO DE LA PAZ - Papa Francisco

El pasado domingo 1 de septiembre Este domingo, el Papa Francisco, en el ÁNGELUS, desde la Plaza de San Pedro, hizo un firme llamamiento en favor de la paz y convocó a todos las personas de buena voluntad, creyentes o no, a celebrar el sábado 7 de setiembre una jornada por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero, con ayuno y palabras de paz de la manera que parezca más oportuno en cada sitio o comunidad.
 
En Sucumbíos, celebrando nuestra devoción a María, “La Churonita”, en la advocación de Nuestra Sra. del Cisne, acogimos la invitación, nos unimos a la oración en la tradicional Romería de Sta. Cecilia hacia la Catedral en Nueva Loja, y durante la caminata elevamos junto a toda la gente de buena voluntad, creyentes y no creyentes que creen en la Vida y la Paz, nuestro Grito por la Paz. Una coincidencia bien especial de este día, es que en Brasil se celebró el tradicional Grito de los Excluidos. Así unimos nuestras voces con el Grito del silencio que María proclamó con el Magnificat.
 
A continuación presentamos el mensaje de invitación del Papa Francisco para la Jornada:
 
Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.
 
Hoy, queridos hermanos y hermanas, quisiera hacerme intérprete del grito que, con creciente angustia, se levanta en todas las partes de la tierra, en todos los pueblos, en cada corazón, en la única gran familia que es la humanidad: ¡el grito de la paz! Es el grito que dice con fuerza: Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser promovido y tutelado.

Vivo con particular sufrimiento y preocupación las numerosas situaciones de conflicto que hay en nuestra tierra, pero, en estos días, mi corazón está profundamente herido por lo que está sucediendo en Siria y angustiado por la dramática evolución que se está produciendo.

Hago un fuerte llamamiento a la paz, un llamamiento que nace de lo más profundo de mí mismo. ¡Cuánto sufrimiento, cuánta destrucción, cuánto dolor ha ocasionado y ocasiona el uso de las armas en este atormentado país, especialmente entre la población civil inerme! Pensemos: cuántos niños no podrán ver la luz del futuro. Condeno con especial firmeza el uso de las armas químicas. Les digo que todavía tengo fijas en la mente y en el corazón las terribles imágenes de los días pasados. Hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones, del que no se puede escapar. El uso de la violencia nunca trae la paz. ¡La guerra llama a la guerra, la violencia llama a la violencia!

Con todas mis fuerzas, pido a las partes en conflicto que escuchen la voz de su conciencia, que no se cierren en sus propios intereses, sino que vean al otro como a un hermano y que emprendan con valentía y decisión el camino del encuentro y de la negociación, superando la ciega confrontación. Con la misma fuerza, exhorto también a la Comunidad Internacional a hacer todo esfuerzo posible para promover, sin más dilación, iniciativas claras a favor de la paz en aquella nación, basadas en el diálogo y la negociación, por el bien de toda la población de Siria.

Que no se ahorre ningún esfuerzo para garantizar asistencia humanitaria a las víctimas de este terrible conflicto, en particular a los desplazados en el país y a los numerosos refugiados en los países vecinos. Que los trabajadores humanitarios, dedicados a aliviar los sufrimientos de la población, tengan asegurada la posibilidad de prestar la ayuda necesaria.

¿Qué podemos hacer nosotros por la paz en el mundo? Como decía el Papa Juan XXIII, a todos corresponde la tarea de establecer un nuevo sistema de relaciones de convivencia basadas en la justicia y en el amor (cf. Pacem in terris[11 abril 1963]: AAS 55 [1963], 301-302).

¡Que una cadena de compromiso por la paz una a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! Es una fuerte y urgente invitación que dirijo a toda la Iglesia Católica, pero que hago extensiva a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de las diversas religiones y también a aquellos hermanos y hermanas no creyentes: la paz es un bien que supera cualquier barrera, porque es un bien de toda la humanidad.

Lo repito alto y fuerte: no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino ésta: la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; éste es el único camino para la paz.

Que el grito de la paz se alce con fuerza para que llegue al corazón de todos y todos depongan las armas y se dejen guiar por el deseo de paz.
Por esto, hermanos y hermanas, he decidido convocar en toda la Iglesia, el próximo 7 de septiembre, víspera de la Natividad de María, Reina de la Paz, una jornada de ayuno y de oración por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero, y también invito a unirse a esta iniciativa, de la manera que consideren más oportuno, a los hermanos cristianos no católicos, a los que pertenecen a otras religiones y a los hombres de buena voluntad.

El 7 de septiembre en la Plaza de San Pedro, aquí, desde las 19.00 a las 24.00 horas, nos reuniremos en oración y en espíritu de penitencia para implorar de Dios este gran don para la amada nación siria y para todas las situaciones de conflicto y de violencia en el mundo. La humanidad tiene necesidad de ver gestos de paz y de oír palabras de esperanza y de paz. Pido a todas las Iglesias particulares que, además de vivir esta jornada de ayuno, organicen algún acto litúrgico por esta intención. Pidamos a María que nos ayude a responder a la violencia, al conflicto y a la guerra, con la fuerza del diálogo, de la reconciliación y del amor. Ella es Madre. Que Ella nos ayude a encontrar la paz. Todos nosotros somos sus hijos. Ayúdanos, María, a superar este difícil momento y a comprometernos, todos los días y en todos los ambientes, en la construcción de una auténtica cultura del encuentro y de la paz. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros. Papa Francisco.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Jornada de ayuno y oración por la Paz en Siria y en el mundo entero


CHURONITA, REINA DE LA PAZ,

Ruega por nosotros

Estamos encaminados a las fiestas a nuestra Churonita, y es una fuerte tradición realizar hoy la Romería de Santa Cecilia hacia Lago Agrio, unos 13 Kms. de distancia. Pero esta romería tradicional tiene su nota innovadora el día de hoy. El Papa Francisco, sensible por la guerra que se libra en Siria y ante la inminente intervención militar de Estados Unidos y algunos países aliados, ha dicho "¡Que se eleve fuerte en toda la Tierra el grito de la paz!" y ha invitado a una Jornada de ayuno y oración por la Paz en Siria, Oriente Medio y el mundo entero.

Animados por la invitación del Papa Francisco, reflexionemos sobre la Paz verdadera y sobre la falsa paz que se consigue con las armas, sobre la guerra y las diferentes guerras que libramos constantemente. Reflexionemos sobre las intervenciones de todo tipo, ya sea militar, política, económica, ideológica, cultural, religiosa, espiritual, etc. En nuestra tradicional Romería de hoy, unámonos en oración para que con la ayuda de María triunfe la Paz y no la guerra.

¡Vuelvan a la racionalidad! parece decir el Papa al mundo entero. Y es hora de escuchar ese grito. Hay mucha gente diciendo esto mismo no ahora, sino en toda la historia. Mucha gente ha visto y ha experimentado la irracionalidad de un sistema de relaciones basadas en el poder y en la violencia que da plata. Esa violencia que se ejerce en nombre de la patria, los intereses de la nación o cualquier otro apelativo.

En toda la historia humana se escuchan gritos que denuncian este estado de cosas. Quizás gritar no sea suficiente y tengamos que preguntarnos con Juan XXIII qué podemos hacer nosotros en este momento por ese cambio de relaciones mundiales. O bien ese grito sea tan mudo como muda es la impotencia de una niña en un campo de minas. Ella no ha construido esa situación, ni siquiera ha pensado en ella, simple y llanamente se ha limitado a nacer. Y nacer en una parte u otra del mundo condiciona la vida y el futuro hasta tal extremo, que da miedo ponerse a pensar.

Pero las decisiones cotidianas aplastan y posponen  esa vuelta a la racionalidad que el mundo necesita si es que pretendemos garantizar la supervivencia. Ante esa pesada carga habrá que reaccionar, ¿o es que hay que consentir?

CONSENTIR es una opción, que puede surgir ante un peso que no se soporta. En la historia hemos consentido mucho. Los Estados se han metido en ese círculo argumentando intereses de defensa nacional, por ejemplo para justificar una potente industria armamentística que inventa los conflictos o los mantiene y transforma. Y nos sorprendemos a nosotros mismos diciendo que el bienestar exige la defensa de fronteras, la existencia de armas,  la industria de armamentos e incluso justificando que una persona porte en su propia casa un arma y en defensa propia pueda asesinar a un posible ladrón. EEUU ha vendido esta imagen continuamente y gracias a la globalización, en muchos lugares se ha generado la misma división y discusión. ¿Qué será entonces lo que nos debe poner en estado de alerta hasta que podamos gestar soluciones? Desde luego, no debe ser la existencia y el uso o no de armas químicas sino la comunión particular que tenemos con cierto estado de cosas que hoy inventa armas químicas y mañana inventará monstruos alados.

PADECER con quienes que padecen es otra opción. Porque formo parte de la humanidad, y si a una parte de ella sucede algo, a mí también me sucede. Cosas como las que están sucediendo en Siria y otras, requieren de toda la opinión pública mundial un posicionamiento. Pero no sólo somos opinión pública, sino seres humanos. Nuestra consciencia sobre lo que somos y la humanidad que debemos ayudar a generar en el mundo nos pueden ayudar a posicionarnos. Una vez más debemos sentir la llamada de Jesús de Nazaret los que nos decimos cristianos, la de Mahoma los que nos decimos musulmanes y la de la ética mundial quienes nos decimos humanos. Padecer con quienes padecen es un paso. Pero no es lo único. A miles de kilómetros de distancia este “padecimiento” es totalmente virtual y artificioso. Por eso, al padecer, quizás debamos unir el DENUNCIAR todo este estado de COSAS que hacen que sigan primando en las relaciones humanas el poder que lleva considerar inevitable para el progreso científico, tecnológico y humano el desarrollo de la industria de armamentos, incluidos los químicos,  y por lo tanto, que sigue justificando la existencia de conflictos y maquillándolos como agresiones que deben ser pacificadas a fuerza de otras agresiones, injerencias e invasiones.

El ayuno que propone el Papa quizás nos ayude a tomar conciencia. No será un ayuno basado en una petición ingenua sobre la paz. Debe ser más bien un: ¡Basta ya! que desde este preciso momento se ponga a transformar.

Transformar las ESPADAS EN PODADERAS y no ADIESTRARSE PARA LA GUERRA. (cf. Is 2,-5).  Ambas cosas forman parte del sueño de Dios y ambas cosas deben formar parte de nuestras prácticas humanas si es que queremos llegar a disfrutar de una humanidad plena.

Pero, ¿cómo transformar las espadas en podaderas cuando éstas han aumentado y se han tecnificado infinitamente? ¿Cómo hacer para que los tanques, aviones de combate y bombarderos y la tecnología espacial se conviertan en un ejército de tractores que quiten el hambre y cultiven lo mejor del ser humano?

¿Cómo quitar de la mente de tantos jóvenes esa idea sobre un futuro prometedor en el ejército? ¿Cómo no leer la propaganda de los Estados al alistamiento considerado como un servicio a la patria? ¿Cómo evitar esos reclutamientos forzosos en las fronteras? No adiestrarse para la guerra requiere ante todo una capacidad de visión que toma en serio la Palabra de Dios y la experiencia humana de quienes padecen las consecuencias terroríficas de este sistema de violencia universal sobre el que estamos asentados.

Tomemos en serio también los gestos de tantos miles y millones de personas que siguen trabajando y soñando por un cambio de relaciones humanas. Un cambio en las relaciones entre varones y mujeres, entre jefes y empleados, entre poderosos y débiles, entre ricos y pobres, entre puros e impuros… Cambiemos también hoy nuestras relaciones si es que hay un asomo de ansia de poder y posesión en ellas. Soñemos cooperativamente, comunitariamente en otra posibilidad de mundo.

Volvamos a la racionalidad, sí pero a otra distinta que debe construirse de entre estas cenizas.

Pidamos la paz, sí, ayunemos como un acto de insumisión a tanta violencia institucionalizada que hoy tiene rostro sirio, que es fundamentalmente un rostro humano. Y cuestionemos nuestro patriotismo, nuestro machismo, nuestro ideologismo y en definitiva aprovechemos para dar una repasadita a todo el sistema económico y político que permite, sustenta y mantiene ese estado de cosas. Y por fin, todas esas ansias de prestigio poderoso que tenemos agazapadas en un rincón del corazón rugiendo de hambre.

Por eso en este día, con nuestro cariño por la Mamita del Cisne que en el Magnificat  oró, cantó y denunció las injusticias para que reine la Paz: El Dios de la Misericordia “Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías”. Nosotros también oremos por ese mundo de Paz que queremos que reine entre nosotros y nosotras, digamos “Churonita, Reina de la Paz. Ruega por nosotros”. Y con Francisco decimos: Señor, haznos instrumentos de tu Paz.

¡Viva la Paz!