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miércoles, 6 de noviembre de 2013

LA UNIDAD DE LA IGLESIA

 
Catequesis del Papa Francisco

Mons. Paolo Mietto estuvo recientemente en Roma. Participó en la Audiencia General del Papa Francisco el día 25 de septiembre. El mensaje de la catequesis que impartió el Papa en esta ocasión fue sobre la unidad de la Iglesia. Mons. Mietto ha considerado muy apropiada esta catequesis para nuestra Iglesia. Muy cierto, cuando se ha roto la comunión con las medidas implementadas y el resultado es la división en nuestra Iglesia. Es una buena ocasión para hacer una valoración de nuestra unidad, a la luz de las enseñanzas de Francisco, nuestro hermano mayor en la fe, que por cierto tuvo que heredar esta situación. ¿Cuánto hemos avanzado en la unidad? ¿Cuánto hemos aportado? En nuestras comunidades estamos comenzando a reflexionar este mensaje, ya presentaremos nuestras reflexiones. Ahora les presentamos la catequesis del Papa Francisco y las palabras previas de Mons. Mietto. 

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Nueva Loja, a 20 de octubre del 2013, Día del DOMUND
Estimados hermanos y hermanas,
Tuve la extraordinaria y providencial oportunidad de encontrarme y conversar tú a tú con el Papa Francisco. Aconteció al finalizar la audiencia general del miércoles 25 de septiembre en la plaza de San pedro en Roma. En pocas palabras que por la numerosa fila de obispos pude expresarle cuando tocó mi turno, le agradecí en particular por la catequesis que acababa de dar, con la simple y clara manera a la que nos está acostumbrando. Ha sido un comentario magistral y fraterno de la carta de San Pablo a los Efesios (Ef. 4, 1-6), que les reproduzco aquí porque me pareció un mensaje expresado exactamente para nosotros que formamos esta Iglesia que camina y crece en Sucumbíos, tratando de ser casa y escuela de comunión.
Mons. Paolo Mietto
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PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 25 de septiembre de 2013
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el «Credo» nosotros decimos «Creo en la Iglesia, una», o sea, profesamos que la Iglesia es única y esta Iglesia es en sí misma unidad. Pero si miramos a la Iglesia católica en el mundo descubrimos que comprende casi 3.000 diócesis diseminadas en todos los continentes: tantas lenguas, tantas culturas. Aquí hay obispos de muchas culturas distintas, de muchos países. Está el obispo de Sri Lanka, el obispo de Sudáfrica, un obispo de la India, hay tantos aquí... Obispos de América Latina. La Iglesia está difundida en todo el mundo. Con todo, las miles de comunidades católicas forman una unidad. ¿Cómo puede suceder esto?
 
1. Una respuesta sintética la encontramos en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que afirma: la Iglesia católica difundida en el mundo «tiene una sola fe, una sola vida sacramental, una única sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad» (n. 161). Es una bella definición, clara, nos orienta bien. Unidad en la fe, en la esperanza, en la caridad, unidad en los sacramentos, en el ministerio: son como los pilares que sostienen y mantienen junto el único gran edificio de la Iglesia. Allí donde vamos, hasta en la más pequeña parroquia, en el ángulo más perdido de esta tierra, está la única Iglesia; nosotros estamos en casa, estamos en familia, estamos entre hermanos y hermanas. Y esto es un gran don de Dios. La Iglesia es una sola para todos. No existe una Iglesia para los europeos, una para los africanos, una para los americanos, una para los asiáticos, una para quien vive en Oceanía, no; es la misma en todo lugar. Es como en una familia: se puede estar lejos, distribuidos por el mundo, pero los vínculos profundos que unen a todos los miembros de la familia permanecen sólidos cualquiera que sea la distancia. Pienso, por ejemplo, en la experiencia de la Jornada mundial de la juventud en Río de Janeiro: en aquella inmensa multitud de jóvenes en la playa de Copacabana se oían hablar tantas lenguas, se veían rasgos de rostros muy distintos entre sí, se encontraban culturas diversas, y sin embargo había una profunda unidad, se formaba una única Iglesia, se estaba unidos y así se percibía. Preguntémonos todos: yo, como católico, ¿siento esta unidad? Yo, como católico, ¿vivo esta unidad de la Iglesia? ¿O bien no me interesa, porque estoy cerrado en mi pequeño grupo o en mí mismo? ¿Soy de los que «privatizan» la Iglesia para el propio grupo, la propia nación, los propios amigos? Es triste encontrar una Iglesia «privatizada» por este egoísmo y esta falta de fe. ¡Es triste! Cuando oigo que muchos cristianos en el mundo sufren, ¿soy indiferente o es como si sufriera uno de la familia? Cuando pienso u oigo decir que muchos cristianos son perseguidos y dan hasta la vida por la propia fe, ¿esto toca mi corazón o no me llega? ¿Estoy abierto a ese hermano o a esa hermana de la familia que está dando la vida por Jesucristo? ¿Oramos los unos por los otros? Os hago una pegunta, pero no respondáis en voz alta, sólo en el corazón: ¿cuántos de vosotros rezan por los cristianos que son perseguidos? ¿Cuántos? Que cada uno responda en el corazón. ¿Rezo por ese hermano, por esa hermana que está en dificultad por confesar y defender su fe? Es importante mirar fuera del propio recinto, sentirse Iglesia, única familia de Dios.
 
2. Demos otro paso y preguntémonos: ¿hay heridas en esta unidad? ¿Podemos herir esta unidad? Lamentablemente vemos que en el camino de la historia, también ahora, no siempre vivimos la unidad. A veces surgen incomprensiones, conflictos, tensiones, divisiones, que la hieren, y entonces la Iglesia no tiene el rostro que desearíamos, no manifiesta la caridad, lo que quiere Dios. Somos nosotros quienes creamos laceraciones. Y si miramos las divisiones que aún existen entre los cristianos, católicos, ortodoxos, protestantes... sentimos la fatiga de hacer plenamente visible esta unidad. Dios nos dona la unidad, pero a nosotros frecuentemente nos cuesta vivirla. Es necesario buscar, construir la comunión, educar a la comunión, para superar incomprensiones y divisiones, empezando por la familia, por las realidades eclesiales, en el diálogo ecuménico también. Nuestro mundo necesita unidad, es una época en la que todos necesitamos unidad, tenemos necesidad de reconciliación, de comunión; y la Iglesia es Casa de comunión. San Pablo decía a los cristianos de Éfeso: «Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados, con toda humildad, dulzura y magnanimidad, sobrellevándoos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (4, 1-3). Humildad, dulzura, magnanimidad, amor para conservar la unidad. Estos, estos son los caminos, los verdaderos caminos de la Iglesia. Oigámoslos una vez más. Humildad contra la vanidad, contra la soberbia; humildad, dulzura, magnanimidad, amor para conservar la unidad. Y continuaba Pablo: un solo cuerpo, el de Cristo que recibimos en la Eucaristía; un solo Espíritu, el Espíritu Santo que anima y continuamente recrea a la Iglesia; una sola esperanza, la vida eterna; una sola fe, un solo Bautismo, un solo Dios, Padre de todos (cf. vv. 4-6). ¡La riqueza de lo que nos une! Y ésta es una verdadera riqueza: lo que nos une, no lo que nos divide. Esta es la riqueza de la Iglesia. Que cada uno se pregunte hoy: ¿hago crecer la unidad en familia, en la parroquia, en comunidad, o soy un hablador, una habladora? ¿Soy motivo de división, de malestar? ¡Pero vosotros no sabéis el daño que hacen a la Iglesia, a las parroquias, a las comunidades, las habladurías! ¡Hacen daño! Las habladurías hieren. Un cristiano, antes de parlotear, debe morderse la lengua. ¿Sí o no? Morderse la lengua: esto nos hará bien, porque la lengua se inflama y no puede hablar y no puede parlotear. ¿Tengo la humildad de remediar con paciencia, con sacrificio, las heridas a la comunión?
 
3. Finalmente un último paso con mayor profundidad. Y esta es una bella pregunta: ¿quién es el motor de esta unidad de la Iglesia? Es el Espíritu Santo que todos nosotros hemos recibido en el Bautismo y también en el sacramento de la Confirmación. Es el Espíritu Santo. Nuestra unidad no es primariamente fruto de nuestro consenso, o de la democracia dentro de la Iglesia, o de nuestro esfuerzo de estar de acuerdo, sino que viene de Él que hace la unidad en la diversidad, porque el Espíritu Santo es armonía, siempre hace la armonía en la Iglesia. Es una unidad armónica en mucha diversidad de culturas, de lenguas y de pensamiento. Es el Espíritu Santo el motor. Por esto es importante la oración, que es el alma de nuestro compromiso de hombres y mujeres de comunión, de unidad. La oración al Espíritu Santo, para que venga y construya la unidad en la Iglesia.
 
Pidamos al Señor: Señor, concédenos estar cada vez más unidos, no ser jamás instrumentos de división; haz que nos comprometamos, como dice una bella oración franciscana, a llevar amor donde hay odio, a llevar perdón donde hay ofensa, a llevar unión donde hay discordia. Que así sea.

miércoles, 30 de octubre de 2013

30 octubre 2013 – III Aniversario “DÍA DE LA IGLESIA COMUNIDAD PUEBLO DE DIOS AL SERVICIO DEL REINO”

El 30 de octubre del 2010 se dio inicio a una nueva etapa en la vida de nuestra Iglesia de San Miguel de Sucumbíos. Hoy, 30 de octubre, cumplimos 3 años de una experiencia nueva, rica en espiritualidad, marcada por el carácter martirial, como signo cristiano que conduce a la Pascua.
 
Somos un pueblo que tiene memoria, que tiene historia, por eso recordamos esta fecha, desde donde se va fraguando nuestra Historia de Salvación.
 
Damos sentido a toda esta experiencia de Iglesia, uniéndonos a la Iglesia Martirial de nuestra América Latina y del mundo entero, que asume esta historia como un Kairós, un tiempo de Dios y de gracia. Vivimos este tiempo como una grandiosa oportunidad, como hijos e hijas de Dios y parte viva de la Iglesia Católica, celebrando lo que somos: Iglesia Comunidad Pueblo de Dios, al servicio del Reino.
 
 
La “Vigilia Permanente” expresa cada noche nuestro espíritu de unión, que por 400 días ininterrumpidos, ha sido un signo del Dios vivo, presente en nosotros y en nuestra Iglesia Comunidad. Un signo de vida y de esperanza en la Justicia que viene de Dios, como la viuda del Evangelio que espera y confía en que el Juez escuche su clamor y se le haga Justicia.
 
Desde esta tierra amazónica del oriente ecuatoriano en la que el Seños nos ha dado el privilegio de vivir, tierra de pueblos ancestrales en donde hace solo poco más de 40 años vivían comunidades como los Cofanes; desde aquí expresamos los signos de la vida, la vida que vivimos y queremos vivir en plenitud: luz y cruz como expresión del Dios de la vida.
 
Es lo que somos, sabemos y hemos aprendido: “AMAR LA VIDA” en primer lugar, desde la VIDA que se expresa en Comunidad a ejemplo de la familia trinitaria de Jesús. Por eso, mantenemos la Comunidad y la Iglesia Comunidad al servicio del Reino para enfrentar el egoísmo que acecha el corazón humano y quiere implantarse como sistema globalizado para la humanidad.
 
Somos Comunidad Pueblo del Señor, Pueblo de Dios en camino y caminamos hacia el Reino de la Vida, el Reino proclamado por Jesús y expresado en la vida de cada persona, especialmente en aquellos en donde la injusticia se hace más fuerte, en una opción clara por los pobres entre los pobres, haciendo caso omiso al llamado evangélico de “Amar al otro como a nosotros mismos”.
 
En estos días corren nuevos y buenos aires por la Iglesia Universal y el mundo, desde que Francisco, humildemente pidió la bendición al Pueblo de Dios y asumió el ministerio petrino de la comunión universal. El Concilio Vaticano II ha sido retomado y lo que hemos impulsado en ISAMIS - Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, en estas últimas décadas, es la fidelidad a Jesús y su Evangelio, desde el Espíritu de conciliación en nuestra historia y para el tiempo actual.
 
Nuestra Iglesia Comunidad de San Miguel de Sucumbíos bendice la inspiración y acción del Papa Francisco; y todas las personas que la conformamos, agradecemos a Dios y pedimos al Espíritu por él, para que estos nuevos aires de esperanza lleguen a todos los rincones de la Iglesia en el mundo y al Ecuador:
 
Esperamos que Francisco, hoy Papa, que nos ha dado testimonio de humildad, compasión y misericordia tenga un espacio en su corazón para escuchar a esta pobre viuda de ISAMIS.
 
Esperamos que nuestro querido hermano mayor en la fe nos diga cuál es nuestro error para enmendar.
 
Esperamos a nuestro Obispo definitivo que “huela a oveja”, como dice el Papa.
 
Seguimos con la paciencia histórica y la madurez de estos tres años esperando, esperando y esperando.
 
Damos gracias a la Vida, por esta oportunidad de vivir el Evangelio. Creemos profundamente en Jesús, como Hijo amado de Dios, a quién hemos encontrado y seguido en su ejemplo; y en Iglesia Comunidad de los y las discípulos/as misioneros/as de Jesús.
 
En ISAMIS hemos vivido el mensaje evangélico con profundo amor; y desde la Paz que el Dios de la vida nos concede, nos unimos a Don Pedro Casaldáliga al decir que “todo es relativo menos el Reino y el hambre”, lo que importa es la VIDA.
 
Celebramos que somos hombres y mujeres de Comunidad y que somos la “Iglesia Comunidad” de San Miguel de Sucumbíos, Iglesia que confía y espera, desde la inspiración del Espíritu de Dios presente en la historia, como Pueblo de Dios.
 
Yo soy feliz en la Comunidad
en la Comunidad yo soy feliz

sábado, 4 de mayo de 2013

MANIFIESTO PÚBLICO DE RESPALDO A MONSEÑOR PAOLO MIETTO


 
Las comunidades eclesiales de la pastoral urbana de Lago Agrio y de todas las pastorales del Vicariato Apostólico de Sucumbíos, manifestamos el respaldo a nuestro Obispo Monseñor Paolo Mietto, Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de Sucumbíos -ISAMIS- y su carta ante “EL CIERRE INEXCUSABLE DE LA CATEDRAL”.

El día domingo 28 de Abril, un grupo de cerca de 30 personas lideradas por miembros de la Renovación Carismática y el Rosario Diario, se tomó la Catedral de Lago Agrio e impidió que Mons. Paolo Mietto, celebrara las Eucaristías dominicales de las 6:30 y 10:30 de la mañana, a la vez que impidieron el normal desarrollo de la Fiesta del Compartir organizado por la Unidad de Pastoral Urbana según la programación diocesana.

Ante estos hechos, expresamos lo siguiente:

1.       Rechazamos este lamentable suceso que expresa una actitud fundamentalista, que amenaza la paz y la convivencia fraterna entre nosotros/as, como convoca el Evangelio.

 

2.       Acogemos las disposiciones de Mons. Mietto, expresadas en su carta circular de ayer, 3 de mayo de 2013, y nos comprometemos a realizar las actividades en favor de la Reparación, que él propone.

 

3.       Proponemos hacer de la Catedral un símbolo real de unidad de toda la comunidad cristiana del Vicariato Apostólico de Sucumbíos. Siendo la sede del Obispo y del Vicariato, se realicen en ella nuevamente las actividades diocesanas más importantes favoreciendo el acceso de todos/as los/s fieles, tales como la Misa por la Evangelización de los Pueblos en el marco del Congreso Misionero Diocesano, los retiros anuales diocesanos y todas las actividades que tradicionalmente se han celebrado allí como la Misa Crismal, la de las comunidades en Pentecostés y la de los Ministerios el 8 de septiembre por la Virgen del Cisne y la programación que se haga en la Asamblea Diocesana Conjunta de Pastoral y las Coordinaciones Diocesanas de Pastoral.

 

4.       Proponemos al Movimiento de la Renovación Carismática liderado por la Dra. Genoveva Altamirano, que revise su actitud y no actúe al margen de la Iglesia. Solicitamos fraternalmente que vuelvan a incluirse en los espacios de coordinación urbana y diocesana de pastoral y a respetar las decisiones de los órganos y espacios legalmente constituidos para la dirección y administración de este Vicariato.

Confirmamos nuestra solidaridad con nuestro Vicariato y su Obispo M. Paolo Mietto y seguimos apoyando su deseo para que en la práctica nuestra Iglesia vuelva a ser Casa y Escuela de Comunión.

“LA VERDAD Y LA JUSTICIA SON LOS ÚNICOS CAMINOS HACIA LA PAZ Y LA RECONCILIACIÓN”

Nueva Loja, 04 de Mayo de 2013

COMUNIDADES ECLESIALES DE LA PASTORAL URBANA DE LAGO AGRIO

Y DE TODAS LAS PASTORALES DEL VICARIATO APOSTÓLICO DE SUCUMBÍOS  -ISAMIS-

viernes, 5 de abril de 2013

CELEBRACION CRISMAL Y FIESTA DE MINISTERIOS



Como es tradición en nuestra Iglesia de San Miguel de Sucumbíos el pasado  28 de marzo,  Jueves Santo, celebramos la Misa Crismal - Fiesta de los carismas, ministerios y servicios. La característica alegría de esta fiesta diocesana del  encuentro de los/as servidores del Señor en Sucumbíos, poco a poco va creciendo si tomamos en cuenta desde el inicio de la crisis de nuestra Iglesia. El encuentro de los diversos ministerios laicales, los ministros ordenados incardinados y colaboradores, las religiosas y religiosos, las pastorales y los movimientos apostólicos, mujeres y varones, niños/as, jóvenes y adultos,  junto a nuestro Obispo, le dio ese toque pluralista de unidad en la diversidad, cultivado por largos años en nuestro camino de Iglesia. Y todos, en causa común animando el crecimiento de la Iglesia Local.

En el contexto general de la Iglesia, esta experiencia  novedosa de nuestra Iglesia  local, es una tradición cultivada desde hace muchos años atrás, iluminada por las orientaciones renovadoras del Concilio Vaticano II, fundamentalmente en sus documentos de Lumen gentiun y Sacrosantum concilium, que expresa el estilo de ser de una Iglesia Comunidad Ministerial desde una eclesiología Pueblo de Dios y que celebra su fe como “Pueblo de Dios” en una liturgia renovada.

El Obispo es el gran sacerdote de su grey, por tanto es quien preside la celebración de la Misa Crismal, consagra el crisma y bendice los oleos con lo que expresa la plenitud sacerdotal y su unión con los presbíteros de la diócesis.  En este día los sacerdotes renuevan su promesa sacerdotal.

Concepto como la grey y reducir la Iglesia a la celebración crismal del Obispo con sus sacerdotes, son herencias de una visión eclesial preconciliar que hacía fieles pasivos objetos de una acción sacramental, pero que animada por el Vaticano II, la grey se actualiza por el Pueblo de Dios, un pueblo sujeto activo que ha desarrollado su potencialidad y capacidad de ser sujeto de la misión del Señor y agentes activos de la nueva evangelización. La grey es el Pueblo de Dios, pueblo sacerdotal por su servicio y entrega. “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial… ambos participan del único sacerdocio de Cristo” (L.G.10), por lo que somos una comunidad sacerdotal, con diferencias en el ministerio. Más aún, el sacerdocio ministerial es de la comunidad y para la comunidad, no existe para sí mismo, ¿Qué sería del sacerdote sin la comunidad? Esta conciencia de consagrados por el bautismo, cuando fuimos ungidos para ser “como Cristo  sacerdote, profeta y rey”, ha impulsado una gran cantidad de laicos/as servidores desde un ministerio específico al servicio de la comunidad local, zonal, parroquial y diocesana. Este proceso es lo que ha constituido una comunidad ministerial, con ministerios ordenados, no ordenados, reconocidos, con carismas y servicios en función de la comunidad. 

Esta comunidad ministerial celebra, festeja y renueva con su Obispo y los presbíteros la decisión de seguirle al Señor. Es el Obispo quien la preside. Él es el símbolo de la unidad del Pueblo de Dios. Es el ministerio de la presidencia de la comunidad diocesana. El Pueblo de Dios se constituye en comunidad ministerial  que celebra con sus símbolos, signos y gestos su carácter sacramental.

Si nos remitimos a las raíces de nuestra Iglesia y bebemos directamente de las fuentes, recordamos que la Iglesia estaba organizada en comunidades. La Iglesia  Comunidad era rica en su diversidad de procesos comunitarios para su funcionamiento unidos en la fe en el Señor  con la animación de Pedro. Así se suscitaban diversos carismas y ministerios al servicio de la comunidad, según las necesidades y todos bebiendo de un mismo espíritu.  Y más allá todavía, la comunidad de Jesús recibió el mandato “entre ustedes no habrá jefes sino servidores”. Este marco evangélico y bíblico de la primitiva Iglesia,  recuperada por la eclesiología del Pueblo de Dios del Vaticano II, inspira nuestra práctica eclesial comunitaria ministerial de varias décadas.


En lo referente a la celebración del día 28 de marzo, esta se desarrolló con mucha normalidad, animada, como es costumbre, por la Escuela Diocesana de Ministerios. La comunión y participación  son los ejes que sostienen el espíritu de la celebración, manifestado en la participación de las diversas pastorales en los diferentes momentos de la celebración. Un momento importante fue  la renovación de las promesas, como es tradición en nuestra Iglesia de Sucumbíos lo hicieron todos/as: los/as niños/as, jóvenes vocacionados/as, seminaristas de los diversos ministerios, religiosos/as, laicos/as misioneros, diáconos, sacerdotes y el Obispo. De esta manera se expresa la ministerialidad  de la comunidad, los sacerdotes como ministerio importante, pero no el único y exclusivo, sino como hombres de comunidad para presidirla y animarla a la comunión. Como decían unos compañeros campesinos “es como en nuestras fincas producimos diversos cultivos actualmente  y ha mejorado nuestra economía, y no solamente como era antes que  nos dedicábamos sólo al monocultivo del café, hasta que nos llegó la crisis por producir un solo cultivo”.


En mensaje de la homilía de Mons. Mietto resaltó el ministerio sacerdotal, invitó a la unidad y la reconciliación tan necesaria en nuestra Iglesia. Un punto relevante de Mons. Mietto fue que dio a conocer que sobre el Caso Putumayo se realizará una rueda de prensa el próximo 15 de abril. Esto es muy importante, en el espíritu del Misterio Pascual que celebramos los días pasados, luego de la agresiva campaña de difamación y calumnias de este tiempo de conflicto, intensificada en los días santos por un sector fanático fundamentalista,  el anuncio de Mons. Mietto esperamos que repare en algo la desacreditada dignidad de la Iglesia de San Miguel  de Sucumbíos, Mons. Gonzalo López, los/as misioneros/as  y ministerios directamente  acusados. Suponemos que quienes han acusado tienen argumentos muy veraces por lo que estarán presentes para ser responsables de sus denuncias públicas.



Unas notas que desentonaron en la celebración fue la ausencia de los dirigentes de la Renovación Carismática, así como la mínima presencia de un movimiento llamado del Rosario diario, llama mucho la atención que con tanto  protagonismo y protección que han tenido este tiempo para desmovilizar a nuestra Iglesia no hayan estado para renovar las promesas en la Iglesia de la que dicen ser tan obedientes. Este desentono fue más sentido cuando un grupo de señoras identificadas de estos movimientos  arremetieron  abruptamente y se abalanzaron a dañar el rito del compartir de las ofrendas. Es muy grave que las autoridades presentes hicieron caso omiso de lo ocurrido. Muchas preguntas quedaron abiertas ante esta dolorosa situación.


Estos pequeños incidentes registrados en la celebración crismal de carácter diocesano con su ambiente de fiesta de ministerios de la Iglesia de Sucumbíos, no son casuales sino expresión de la grave situación de agresión sistemática que mantiene cierto sector eclesial, por lo que reviste de un profundo significado en nuestra vida eclesial. Son una clara manifestación de una posición fanática y fundamentalista con mucho peligro para la vida eclesial y social como lo hemos advertido enésimas veces.


Por eso, en los cerca de 3 años de esta agresión, queda claro, por una parte un modelo de Iglesia Comunidad Ministerial por tanto participativa y alegre, responsablemente en comunión universal, con capacidad inclusiva de recrear la liturgia de acuerdo a sus condiciones propias por su tradición. Por otra parte, la decisión implementada por el Card. Iván Díaz Ex Prefecto de la Congregación Propaganda Fide del pontificado del Papa Benedicto XVI, que dice que “el nuevo Administrador Apostólico tendrá que organizar el Vicariato e implantar de manera diferente todo el trabajo pastoral”, presenta el modelo eclesial de tipo clericalista, porque intentaron seguir rompiendo la comunidad cuando quisieron dividirnos la celebración para que los ministerios laicales realicen el martes santo y solo los padrecitos el Jueves Santo, teniendo presente que en cuanto al cambio del día era relativo. Igualmente se presenta machista donde nosotras las mujeres quedamos perpetuadas a la exclusión. Se manifiesta violenta e intolerante por las actitudes mantenidas a lo largo del conflicto y significadas en la Misa Crismal, además  de fanática  y fundamentalista por los gestos y actitudes nada fraternos que debe caracterizar a la comunidad cristiana.


Francisco, nuestro hermano mayor en la fe, que nos está llenando de palabras y gestos muy humanos y cristianos, como lavar los pies a dos mujeres  y animar en la Misa Crismal que los sacerdotes “no sólo sea gestores, sino que vayan a los lugares que hay sufrimiento”, confiamos que nuestro hermano mayor en la fe, visite nuestra Iglesia. Francisco renueva la Iglesia.

sábado, 16 de marzo de 2013

CASA Y ESCUELA DE COMUNIÓN


A un año de la posesión de Mons. Paolo Mietto como Administrador Apostólico en Sucumbíos

El 7 de marzo del 2012, Mons. Paolo Mietto tomo posesión como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos. Una Misa muy solemne preparada desde la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, contrastaba de manera impresionante con la abrupta ceremonia privada de la posesión del P. Rafael Ibarguren de los Heraldos del Evangelio y la salida de Mons. Gonzalo López del 30 de octubre del 2010. En esta ceremonia, hace un año, se oficializó la sucesión apostólica, propia de la Iglesia Católica, pero sin el legítimo Obispo saliente (Mons. Gonzalo López Marañón), que entregaba la conducción de la grey temporalmente a Monseñor Mietto. De esta manera quedó evidentemente desconocida la situación de shock creada por Roma y el tiempo de facto del 30 de octubre del 2010 al 7 de marzo del 2012, tiempo de decisiones eclesiásticas arbitrarias y extrañas, que han significado hasta ahora mucho dolor y sufrimiento para la Iglesia especialmente en Sucumbíos.

Para celebrar este aniversario de posesión de Mons. Mietto, para agradecer y afirmar nuestra memoria histórica, de parte de la Vigilia Permanente, el 7 marzo pasado invitamos a Mons. Paolo Mietto a la Eucaristía en la Iglesia de la Parroquia del Divino Niño en Lago Agrio.

Como es de costumbre desde hace más de cinco meses, nos fuimos encontrando en la Iglesia del Divino Niño, a la hora habitual, con la concurrencia de unas 70 personas. Con sencillez, pero muy significativamente celebramos la Eucaristía, presidida por Mons. Mietto junto a los sacerdotes incardinados Pablo Torres y Raúl Usca, para luego homenajear al cumpleañero, quienes compartimos también nuestra esperanza con alegría, felicitaciones, cantos, torta  y cafecito.

En la Eucaristía tuvo mucho relevancia la liturgia de la Palabra de Dios, que fue enriquecida por el compartir de los/as presentes. En su homilía Mons. Mietto nos confesó un sueño real que tuvo hace unos días con lo que nos refrescó su valiente propuesta de la posesión de hacer que Sucumbíos vuelva a ser Casa y Escuela de Comunión.  

Este lema asumido por Mons. Mietto, recordamos que es original del numeral 43, de la Carta Apostólica “Al comienzo del nuevo milenio” (Novo Milenium Ineunte) de Juan Pablo II en el año 2000, que se refiere a la espiritualidad de comunión y nos insiste en la importancia de la formación de la comunidad. Jesús nos llevó a la comunión con el Padre, formó la primera comunidad, y luego “acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la oración, a la convivencia y a la fracción del pan”. Mons. Mietto nos animó a esta meta. ¡¡¡Qué valor!!! La madurez de la vida y su sentimiento de corresponsabilidad en la Iglesia, sin importar las limitaciones de sus años, le han llevado a la disponibilidad generosa de aceptar Administrar nuestro Vicariato, en la tan difícil situación de nuestra Iglesia local, colaborando para intentar arreglar lo que otros desarreglaron.

¡Qué importante es soñar! Más aun en un tiempo en el que los profetas de la desesperanza nos dicen que no hay nada que hacer, no hay que pensar, porque otros ya nos han dado pensando; menos aún tener grandes ideales, cuando predican el fin de las utopías y se acomodan a la globalización neoliberal. ¡Qué valor que alguien con esa edad nos invite a soñar y no a ser piezas de un sistema injusto! Nos han querido robar nuestra capacidad de soñar, de ilusionarnos, de querer caminar juntos/as hacia nuestros ideales. Sin embargo seguimos empeñados/as en que nuestro sueño no puede ser egoísta o arribista, eso sería egolatría. Como cristianos/as, nuestro sueño se inspira en el sueño de Jesús de Nazaret, que es el Reino de la Vida. En el caminar de ISAMIS, desde décadas atrás construimos comunitariamente nuestro sueño y gran utopía, que fue formulada en la “Liberación integral del hombre y la mujer, desde los/as pobres, por la causa del Reino”. Así el sueño temporal de Mons. Mietto ya hace parte de la historia de nuestro Pueblo de Dios. Por eso, seguimos soñando que luego de este destierro, la LUZ brillará, más temprano que tarde.

Una linda letra de una canción nos puede ayudar a crecer en nuestra inspiración: “Sueño que se sueña sólo, puede ser una ilusión, sueño que se sueña juntos es señal de solución. Por eso, vamos a soñar compañeras/os, vamos  a soñar en minga”.

Fácil es tener sueños, difícil es realizarlos, porque ahí está en juego la dinámica de la vida donde se mueven los diversos intereses. Por eso, Mons. Paolo no lo ha tenido fácil. Por nuestra responsabilidad eclesial es importante que hagamos una valoración para ver resultados y medir si estamos caminando en ese propósito. Nos preguntamos ¿cuánto estamos contribuyendo para que se realice este sueño? ¿Cuánto están contribuyendo quienes causaron, -los de aquí y los de allá-, este rompimiento de la comunión en nuestra Iglesia de Sucumbíos? Ciertamente, ¿hay voluntad para vivir en comunión? La respuesta estará en revisar nuestra práctica de las decisiones, de las acciones pastorales y cómo se quiere ir organizando nuestra Iglesia. Con nuestros pies bien puestos en la tierra, nuestros ojos vigilantes para seguir descubriendo las fuerzas oscuras y pidiendo la Luz para ir discerniendo nuestro camino personal y comunitario de seguimiento de Jesús, seguimos soñando, avanzando, gestando esperanza. Ratificamos nuestro compromiso, seguimos apostando por el sueño de nuestro Obispo, que es el sueño que ya veníamos gestando, y al que él le puso nombre y mística. Seamos el Sucumbíos puesto en pie, con la fe, la esperanza y el Amor que nos da la capacidad de reconciliación personal y comunitaria.

Nota: “Minga” significa trabajo comunitario.

martes, 18 de diciembre de 2012

MONSEÑOR MIETTO ACOMPAÑÓ LA VIGILIA PERMANENTE



El pasado viernes  14 de diciembre 2012, día de San Juan de la Cruz, en  el día Nº 73 de la Vigilia Permanente de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, Ecuador, compartimos nuestra oración con un invitado especial, nuestro Obispo, Monseñor Paolo Mietto, quien aceptando la invitación a orar con nosotras/os, de 7 a 8h30 de la noche, con los símbolos de la luz y de la cruz como lo hacemos cotidianamente, estuvo presente y compartió la celebración de la Palabra de Dios con un grupo de aproximadamente 80 personas. 


Cantando juntos/as, alabando y pidiendo al Señor con cantos como “Pon aceite en mi lámpara Señor”, “Llegará con la luz…” y con la esperanza que nos alienta en este tiempo de Adviento, reflexionamos el texto del Evangelio de Mateo 25, 1-13, que nos recuerda que debemos tener nuestra lámpara llena de aceite y lista siempre para que cuando el Señor venga podamos entrar a la fiesta con Él. Monseñor Mietto compartió su reflexión y también otras personas, como es usual, desde su entender, su escucha del Señor y su experiencia de fe.


Asumiendo el cuestionamiento de la Palabra, para mantener encendidas nuestras lámparas, nos centramos en el aceite que requerimos para que el Señor nos encuentre despiertos/as. Este aceite es el ser fieles al testimonio de Jesús, a su Palabra, a su invitación a ser comunidad y a estar atentos/as a las necesidades de quienes están necesitados/as y con ellas/os el Señor nos quiere hermanos/as. La fuerza de la oración, la experiencia comunitaria de la Eucaristía y los Sacramentos nos ayudan a descubrir la voluntad de Dios, nos dan su gracia para actuar, para trabajar y para hacer presente el Reino de Dios a sus preferidos/as, los/as pobres, para mejorar nuestras relaciones de familia, de vecinos/as, de comunidad, de compañeros/as, para buscar la paz y la justicia para todos/as, desde nuestro compromiso como cristianos/as. El Año de la Fe, el Concilio Vaticano II, la trasmisión de la fe de los padres a sus hijos, y todo gesto de Vida, de solidaridad que nos humaniza, son el aceite para nuestro tiempo. Desde luego que no es fácil, porque tenemos muchas distracciones, muchas tentaciones, el facilismo, la pereza, la soberbia, la indiferencia… muchas cosas que nos hacen distraernos de lo esencial y descuidar nuestro compromiso. Sin embargo la fuerza de la comunidad nos lo recuerda y nos ayuda a mantenernos fieles al Señor  que siempre está viviendo.


La oración comunitaria fue el grito de confianza al Niño Jesús por la luz que necesitamos y especialmente nuestro Obispo, por caminos reales de reconciliación, por respeto para nuestro proceso y práctica de Iglesia Comunidad, Ministerial y para nuestros sacerdotes incardinados, por los sacerdotes colaboradores, por apertura y sabiduría para poder volver a hacer de nuestra Iglesia, Casa y Escuela de Comunión.


Luego del momento del compartir, recordando que las necesidades de nuestra Iglesia son nuestras necesidades y de darnos la paz, antes de recibir la bendición de Monseñor Mietto, como cada noche se hace con las comunidades o las personas que vienen por primera vez, una de las feligresas más fieles de la vigilia, Rosita Cabezas, entregó la luz a Monseñor Mietto, para que la guarde también en su corazón y la extienda donde vaya, uniéndose a tantas personas y comunidades que cada noche, en diferentes lugares de Sucumbíos, de Ecuador y muchos otros países del mundo, oramos para que podamos multiplicar esa luz del Señor en una convivencia pacífica, en permanentes gestos de solidaridad, en compromiso colectivo con la paz y la justicia social y los derechos de todas/os.  Acompañamos cantando “Esta es la luz de Cristo Yo la haré brillar. Brillará, brillará sin cesar…”


Agradecemos a Monseñor Paolo Mietto, el gesto de hacerse presente también en este importante espacio de oración personal y comunitaria de esta Iglesia Pueblo de Dios de Sucumbíos y que pueda tener por sí mismo una idea del sentir y orar de nuestras comunidades y de nuestras preocupaciones y aspiraciones. Dios le guarde y su Espíritu le bendiga con sus dones.


Nueva Loja, 17 de diciembre de 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Carta a los hemanos y hermanas que conocen, aman y se sienten parte de la Iglesia Catolica



Presentamos esta carta de Mons. Paolo Mietto con fecha del 25 de noviembre 2012, en que celebramos el Día de la Iglesia Católica en el Ecuador y el Día de la No Violencia contra la Mujer. Día de especial significado para l@s cristian@s en la conciencia de nuestra pertenencia tanto a la Iglesia, como a nivel social en la lucha por erradicar toda Violencia destructora de la Vida y especialmente excluye a la mujer.

Esta carta surge por pedido de l@s misioner@s de ISAMIS a Mons. Paolo Mietto, el pasado 9 de noviembre, en la primera reunión diocesana de los primeros viernes, ante la agresiva campaña de calumnias y difamaciones vertidas en diferentes medios, especialmente en Radio Bolívar de Lago Agrio y en el Blog: sucumbiosecuadorpazyverdad.blogspot.com.

Agradecemos la sabia y valiente decisión de Mons. Paolo Mietto, que superando presiones, actúa como Pastor de nuestra Iglesia. Dios lo bendiga.

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Carta a los hemanos y hermanas
que conocen, aman y se sienten parte de la Iglesia Catolica


Queridos hermanos y hermanas:

Muchos de ustedes han vivido y sufrido en y con nuestra Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, otros estarán informados y conocerán lo que ha ido sucediendo en ella  desde el día 30 de octubre de 2010, fecha en la que nuestro querido  Pastor  Mons. Gonzalo López Marañón salió del Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos.  

En Mayo de 2011 se  inició un proceso de Perdón y reconciliación en el mismo, con el fin de sanar las heridas provocadas en las personas por el conflicto eclesial,  y mover a la reconciliación entre hermanos y hermanas que se vieron divididos y enfrentados violentamente.  Dicho proceso he querido  fortalecerlo desde  mi toma de posesión en marzo 2012, en la que propuse  a todos  el lema Ser Casa y Escuela de Comunión.

Después de mi llegada vine conociendo que,  a través de diversos medios de comunicación como las radios, los blogs y otros medios  radiales, televisivos, escritos y de internet, se difunden mentiras, difamaciones, insultos, amenazas… que afectan a presbíteros, misioneros y misioneras, religiosas/os,  laicos/as, e incluso hasta nuestros Obispos Mons. Gonzalo y mi persona.

Estas difamaciones, manipulan información haciendo lecturas erróneas de acontecimientos y hechos, que con frecuencia nada tienen que ver con las personas a las que se menciona,  no contribuyen para nada al proceso de Perdón y Reconciliación,  tampoco ayudan a vivir en el Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos sintiéndonos Casa y Escuela de Comunión. El daño mayor es el que se produce a todo el Pueblo de Dios: provoca  escándalo y confusión sobre todo en aquellas personas más débiles en su fe, o bien en aquellas que carecen de posibilidades para comprender la complejidad de la situación que vive la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos.

Por ello, movido por las  actitudes de Jesús en el Evangelio,  deseo alzar mi voz serena y humildemente, para pedirles a todas las personas de “buena voluntad” que hayan podido ser cómplices de estas difamaciones, divulgándolas, escribiéndolas, apoyándolas,  o consintiéndolas y a aquellas  que no reconocen a esta  iglesia como parte de la Iglesia Pueblo de Dios (cfr. Lumen Gentiun cap. 2),  que escuchen al Señor Jesús cuando nos dice: “… Busquen más bien el Reino de Dios y su justicia y lo demás se les dará por añadidura” (Lc 12, 31), que abran su corazón a la verdad y cesen esta campaña denigrante e impropia de  católicos que siguen a  Jesús como  discípulos  y misioneros llamados a  anunciar su Reino.

Fraternalmente, 

Monseñor Paolo Mietto
ADMINISTRADOR APOSTOLICO DEL VICARIATO
DE SAN MIGUEL DE SUCUMBIOS