sábado, 16 de marzo de 2013

CASA Y ESCUELA DE COMUNIÓN


A un año de la posesión de Mons. Paolo Mietto como Administrador Apostólico en Sucumbíos

El 7 de marzo del 2012, Mons. Paolo Mietto tomo posesión como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos. Una Misa muy solemne preparada desde la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, contrastaba de manera impresionante con la abrupta ceremonia privada de la posesión del P. Rafael Ibarguren de los Heraldos del Evangelio y la salida de Mons. Gonzalo López del 30 de octubre del 2010. En esta ceremonia, hace un año, se oficializó la sucesión apostólica, propia de la Iglesia Católica, pero sin el legítimo Obispo saliente (Mons. Gonzalo López Marañón), que entregaba la conducción de la grey temporalmente a Monseñor Mietto. De esta manera quedó evidentemente desconocida la situación de shock creada por Roma y el tiempo de facto del 30 de octubre del 2010 al 7 de marzo del 2012, tiempo de decisiones eclesiásticas arbitrarias y extrañas, que han significado hasta ahora mucho dolor y sufrimiento para la Iglesia especialmente en Sucumbíos.

Para celebrar este aniversario de posesión de Mons. Mietto, para agradecer y afirmar nuestra memoria histórica, de parte de la Vigilia Permanente, el 7 marzo pasado invitamos a Mons. Paolo Mietto a la Eucaristía en la Iglesia de la Parroquia del Divino Niño en Lago Agrio.

Como es de costumbre desde hace más de cinco meses, nos fuimos encontrando en la Iglesia del Divino Niño, a la hora habitual, con la concurrencia de unas 70 personas. Con sencillez, pero muy significativamente celebramos la Eucaristía, presidida por Mons. Mietto junto a los sacerdotes incardinados Pablo Torres y Raúl Usca, para luego homenajear al cumpleañero, quienes compartimos también nuestra esperanza con alegría, felicitaciones, cantos, torta  y cafecito.

En la Eucaristía tuvo mucho relevancia la liturgia de la Palabra de Dios, que fue enriquecida por el compartir de los/as presentes. En su homilía Mons. Mietto nos confesó un sueño real que tuvo hace unos días con lo que nos refrescó su valiente propuesta de la posesión de hacer que Sucumbíos vuelva a ser Casa y Escuela de Comunión.  

Este lema asumido por Mons. Mietto, recordamos que es original del numeral 43, de la Carta Apostólica “Al comienzo del nuevo milenio” (Novo Milenium Ineunte) de Juan Pablo II en el año 2000, que se refiere a la espiritualidad de comunión y nos insiste en la importancia de la formación de la comunidad. Jesús nos llevó a la comunión con el Padre, formó la primera comunidad, y luego “acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la oración, a la convivencia y a la fracción del pan”. Mons. Mietto nos animó a esta meta. ¡¡¡Qué valor!!! La madurez de la vida y su sentimiento de corresponsabilidad en la Iglesia, sin importar las limitaciones de sus años, le han llevado a la disponibilidad generosa de aceptar Administrar nuestro Vicariato, en la tan difícil situación de nuestra Iglesia local, colaborando para intentar arreglar lo que otros desarreglaron.

¡Qué importante es soñar! Más aun en un tiempo en el que los profetas de la desesperanza nos dicen que no hay nada que hacer, no hay que pensar, porque otros ya nos han dado pensando; menos aún tener grandes ideales, cuando predican el fin de las utopías y se acomodan a la globalización neoliberal. ¡Qué valor que alguien con esa edad nos invite a soñar y no a ser piezas de un sistema injusto! Nos han querido robar nuestra capacidad de soñar, de ilusionarnos, de querer caminar juntos/as hacia nuestros ideales. Sin embargo seguimos empeñados/as en que nuestro sueño no puede ser egoísta o arribista, eso sería egolatría. Como cristianos/as, nuestro sueño se inspira en el sueño de Jesús de Nazaret, que es el Reino de la Vida. En el caminar de ISAMIS, desde décadas atrás construimos comunitariamente nuestro sueño y gran utopía, que fue formulada en la “Liberación integral del hombre y la mujer, desde los/as pobres, por la causa del Reino”. Así el sueño temporal de Mons. Mietto ya hace parte de la historia de nuestro Pueblo de Dios. Por eso, seguimos soñando que luego de este destierro, la LUZ brillará, más temprano que tarde.

Una linda letra de una canción nos puede ayudar a crecer en nuestra inspiración: “Sueño que se sueña sólo, puede ser una ilusión, sueño que se sueña juntos es señal de solución. Por eso, vamos a soñar compañeras/os, vamos  a soñar en minga”.

Fácil es tener sueños, difícil es realizarlos, porque ahí está en juego la dinámica de la vida donde se mueven los diversos intereses. Por eso, Mons. Paolo no lo ha tenido fácil. Por nuestra responsabilidad eclesial es importante que hagamos una valoración para ver resultados y medir si estamos caminando en ese propósito. Nos preguntamos ¿cuánto estamos contribuyendo para que se realice este sueño? ¿Cuánto están contribuyendo quienes causaron, -los de aquí y los de allá-, este rompimiento de la comunión en nuestra Iglesia de Sucumbíos? Ciertamente, ¿hay voluntad para vivir en comunión? La respuesta estará en revisar nuestra práctica de las decisiones, de las acciones pastorales y cómo se quiere ir organizando nuestra Iglesia. Con nuestros pies bien puestos en la tierra, nuestros ojos vigilantes para seguir descubriendo las fuerzas oscuras y pidiendo la Luz para ir discerniendo nuestro camino personal y comunitario de seguimiento de Jesús, seguimos soñando, avanzando, gestando esperanza. Ratificamos nuestro compromiso, seguimos apostando por el sueño de nuestro Obispo, que es el sueño que ya veníamos gestando, y al que él le puso nombre y mística. Seamos el Sucumbíos puesto en pie, con la fe, la esperanza y el Amor que nos da la capacidad de reconciliación personal y comunitaria.

Nota: “Minga” significa trabajo comunitario.

jueves, 14 de marzo de 2013

EL PAPA FRANCISCO - OBISPO DE ROMA




Hoy, 13 de marzo del 2013, el cardenal argentino Arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, jesuita de 76 años, ha sido elegido Obispo de Roma con el nombre de Francisco.

Aquí sus primeras palabras:

"¡Hermanos y hermanas, buenas noches!

Ustedes saben que el deber del Cónclave es dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo… pero estamos aquí… Les agradezco la acogida.

La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. ¡Gracias! Y primero que nada, quisiera hacer una oración por nuestro Obispo Emérito, Benedicto. Recemos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo custodie.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria con los fieles en San Pedro

Y ahora, comenzamos nuestro camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad.

Auguro que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella.

Y ahora quisiera darles la bendición, pero primero, les pido un favor: antes de que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que recen al Señor para que me bendiga. La oración del pueblo que pide la bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes por mí.

La bendición Urbi et Orbi

Hermanos y hermanas, los dejo. Muchas gracias por la acogida. ¡Recen por mí! Nos vemos pronto: mañana quiero ir a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma.

¡Buenas noches y buen descanso”.

Como él lo pidió, oramos al Dios de la Vida por Francisco, Obispo de Roma, como lo dejó claro que es “la Iglesia que preside en la caridad a todas las iglesias”, para que tenga la capacidad y la lucidez para enfrentar los duros retos que el Papado tiene en esta realidad de la Iglesia actual y como escribe José María Castillo, que sea un hombre tan apasionado por el Evangelio que desconcierte como Jesús de Nazaret desconcertó.

lunes, 11 de marzo de 2013

ECOS DE MEDELLIN - ficha 6

FICHA 6

PRIMER TIEMPO: Leemos en el documento de Medellín:

 

LA JUSTICIA

1. Hechos

1.  Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano. En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos colectivos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo. Quizás no se ha dicho suficientemente que los esfuerzos llevados a cabo han sido capaces, en general, de asegurar el respeto y la realización de la justicia en todos los sectores de las respectivas comunidades nacionales. Las familias no encuentran muchas veces posibilidades concretas de educación para sus hijos. La juventud reclama su derecho a ingresar en la universidad o centros superiores de perfeccionamiento intelectual o técnico-profesional; la mujer, su igualdad de derecho y de hecho con el hombre; los campesinos, mejores condiciones de vida; o si son productores, mejores precios y seguridad en la comercialización. La creciente clase media se siente afectada por la falta de expectativa. Se ha iniciado un éxodo de profesionales y técnicos a países más desarrollados. Los pequeños artesanos e industriales son presionados por intereses mayores y no pocos grandes industriales de Latinoamérica van pasando progresivamente a depender de empresas mundiales. No podemos ignorar el fenómeno de esta casi universal frustración de legítimas aspiraciones que crea el clima de angustia colectiva que estamos viviendo.

                                                                              Conferencia de Medellín, Parte I: La justicia, n.1

 

SEGUNDO TIEMPO: Nos detenemos y conocemos el documento:

1. ¿Qué injusticia clama al cielo, según los obispos de Medellín?

2. ¿Cómo se describe la situación de las familias y de la educación de los hijos, la juventud, las mujeres, los pequeños productores, la clase media, etc?

3. ¿Qué análisis hacen de lo que está pasando en el momento que están viviendo?

4. ¿Qué provoca la “frustración de las legítimas aspiraciones humanas?

 

TERCER TIEMPO: Nos dejamos cuestionar

1. ¿Qué injusticias vivimos en el momento actual?

2. ¿Son también nuestros tiempos unos tiempos de “angustia colectiva”? ¿Cómo se percibe?

3. Expresemos nuestros sueños: ¿cómo sería nuestra realidad si la miramos con los ojos de Dios?

 

CUARTO TIEMPO: Agradecemos la vida del Espíritu que nos llega con Medellín

1. Agradezcamos a nuestro Dios nuestros “sueños” de un mundo más justo y pidamos su luz para darnos cuenta de lo que podemos hacer.

 

sábado, 9 de marzo de 2013

Con los brazos siempre abiertos

 
Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.
 
Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado “reprimida” en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía “la parábola del hijo pródigo” (Lc 15, 1 – 3. 11 – 3), pero nunca la han escuchado en su corazón.
 
El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría:
 
“Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.
 
A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.
 
El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre “lo vio” venir hambriento y humillado, y “se conmovió” hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.
 
Enseguida “echa a correr”. No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. “Se le echó al cuello y se puso a besarlo”. Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.
 
El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.
 
El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.
 
Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría.
 
José Antonio Pagola

miércoles, 6 de marzo de 2013

EN COMUNION CON LA IGLESIA UNIVERSAL Y EL OBISPO DE ROMA


Estamos viviendo situaciones especiales en la iglesia. La renuncia del Papa Emérito Benedicto XVI ha marcado un tiempo nuevo y  nos ayuda a comprender el cambio de época que llega. 

El 27 de febrero, en vísperas a la renuncia, el Obispo de Roma tuvo su última audiencia general, alli su mensaje de despedida estuvo enmarcado por el agradecimiento, de lo que ha significado estos años  de su pontificado.

Recogemos aquí algunas notas importantes de esta audiencia y a la vez que reflexionamos su mensaje.

Una primera nota es en relación de su servicio a la Iglesia como ministerio petrino cuando dice:

“En este momento mi corazón se expande y abraza a la Iglesia extendida por todo el mundo, y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años de ministerio petrino he recibido sobre la fe en el Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula realmente en el cuerpo de la Iglesia y hace que viva en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la plenitud de la vida, hacia la patria celestial.

Ha sido un trozo de camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos difíciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca del lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en que la pesca ha sido abundante; también ha habido momentos en que las aguas estaban agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en aquella barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda: es El quien conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo quiso. Esta ha sido una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios porque no ha dejado nunca que a su Iglesia entera y a mí, nos faltasen su consuelo, su luz, su amor”.
Nos recuerda que su importante tarea de pastorear a la Iglesia universal es  un ministerio que hace parte de la Comunidad. SU MINISTERIO NO ES APARTE DE LA COMUNIDAD de los seguidores de Jesús.

Este SERVICIO es para animar nuestra fe en el Señor, para orientarnos a la plenitud de la Vida, hacia “la patria celestial”, el Reino de la Vida. Y reconoce el Papa los “momentos de alegría y de luz, pero también momentos difíciles” que ha vivido la Iglesia en este tiempo. Queda claro que, la Iglesia está en función del Reino, la Iglesia no es el Reino, nos ayuda a  llegar a El. Por eso, en ISAMIS siempre hemos dicho que somos una Iglesia  “en camino”. Somos la Iglesia Comunidad Ministerial al servicio del Reino. Y es Jesús la quién conduce.

Otra nota importante que señala el Papa Emérito, es sobre el Evangelio cuando nos dice: “En este momento, dentro de mí hay mucha confianza, porque sé, porque todos sabemos que la palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, en todo lugar donde la comunidad de los creyentes lo escucha y recibe la gracia de Dios en la verdad y en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría”.

De esta manera, nos deja la centralidad del Evangelio. No se trata de la Palabra de Dios en general, sino que esta Palabra está plenamente presentada en el Evangelio. Y no hay más Evangelio que el Evangelio de Jesús de Nazareth, que fue quién lo vivio. La experiencia del Papa es que el Evangelio da confianza y alegría. Igualmente compartimos nosotros con Benedicto XVI esta experiencia, y que bonito decir con él “que la palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto”. Es lo que hemos vivido estos largos años en la comunidad de creyentes del Vicariato de San Miguel de Sucumbíos por la participación y el compromiso con Jesús y su Evangelio

También el Papa resalta el Año de la fe: “Estamos en el Año de la fe, que he proclamado para fortalecer nuestra fe en Dios en un contexto que parece dejarlo cada vez más en segundo plano. Me gustaría invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que nos permiten caminar todos los días, también entre las fatigas. Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y nos ha mostrado su amor sin límites”.

¡Qué importante regalo nos deja! Este Año de la fe, ya lo estamos viviendo con muchas tareas en nuestra Iglesia para hacer frente a los desafíos que ocurren en nuestro contexto, en el mundo y hasta en la misma Iglesia, para afrontar los fundamentalismos que ponen en riesgo la coherencia y fidelidad al distorsionar lo esencial. Todavía nos queda mucho por hacer.
Este Año de la fe es un jubileo por los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, donde los padres conciliares se preocuparon de que el mundo estaba cambiando y era necesario un “aggiornamiento”, o la Iglesia se quedaba de la historia, por tanto, se empezaba a configurar un reconocido cambio de época en el que en nuestra misma Iglesia encuentra resistencia para asumirlo. La misma renuncia de Benedicto XVI es expresión de ese cambio de época. Es la alegría de la fe como encuentro y seguimiento de Jesús, que humildemente hemos experimentado en nuestra Iglesia de Sucumbíos en estas cuatro décadas después del Vaticano II. Y por eso estamos celebrando con mucha gozo la fe que nos han transmitido nuestros padres y madres y ahora estamos en la responsabilidad de transmitirla a la nueva generación. Por eso compartimos con el Papa Emérito: “Sí, alegrémonos por el don de la fe; es el don más precioso, que ninguno puede quitarnos! Demos gracias al Señor por ello todos los días, con la oración y con una vida cristiana coherente”.
El Papa se dirige agradeciendo a quienes le han escrito en este momento. Y bellamente dice: “Ahora me gustaría dar las gracias de todo corazón a tanta gente de todo el mundo que en las últimas semanas me ha enviado pruebas conmovedoras de atención, amistad y oración. Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo – de los Jefes de Estado, líderes religiosos, representantes del mundo de la cultura, etc.-. Pero también recibo muchas cartas de gente ordinaria que me escribe con sencillez, desde lo más profundo de su corazón y me hacen sentir su cariño, que nace de estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe a un príncipe o a un gran personaje que uno no conoce. Me escriben como hermanos y hermanas, hijos e hijas, con un sentido del vínculo familiar muy cariñoso. Así, se puede sentir que es la Iglesia - no es una organización, no es una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunidad de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos”.
Lamentablemente nosotros no le hemos escrito en estos momentos, pero desde que tuvimos su noticia de la renuncia estamos muy unidos en la oración. Recordamos que en el inicio del conflicto en Sucumbíos, nosotros como “gente ordinaria” le escribimos una carta muy preocupados por lo que ocurría aquí, por las decisiones tomadas desde Roma, desde luego no sabemos si quienes tienen el encargo de hacerle llegar lo hicieron, lo cierto es que nunca hemos recibido una respuesta de parte de él, ni de sus delegados en nuestro país. 
Y una vez más nos comparte las razones de su renuncia y su decisión: “En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me iluminase con su luz para que me hiciera tomar la decisión más justa no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia. He dado este paso con plena conciencia de su gravedad y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo”.
Admiramos esta valentía, por el bien y la salud de la Iglesia que es el Pueblo de Dios y toda humanidad.
Y nos recuerda que: “El Papa es de todos…  Siempre - quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad-. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia”.
Por eso, volviendo a la nota inicial, es el ministerio petrino de la unidad, de la comunidad de todas las iglesias locales del mundo.
Finalizamos con su mensaje final del día 28 de febrero:
«Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida».

lunes, 4 de marzo de 2013

ORANDO JUNTOS/AS TODAS/OS EN SUCUMBÍOS Y POR SUCUMBÍOS, CON SACERDOTES DIOCESANOS Y OBISPOS DE LOS VICARIATOS DE ECUADOR


 
Caminando en el espíritu de la Cuaresma, en nuestro proceso de conversión, el Señor nos ha concedido unas oportunidades especiales. Seguimos intensificando la vida de oración como una de las prácticas cuaresmales a la que nos invita el Señor en este tiempo. Así, en nuestra Vigilia Permanente el pasado jueves 20 de febrero, hemos compartido la oración con  Obispos y algunos sacerdotes participantes del Retiro Anual de los Vicariatos Apostólicos de Ecuador, para avanzar en la reconciliación y la paz en nuestra Iglesia de San Miguel de Sucumbíos. 



Desde hace 8 años atrás los Vicariatos Apostólicos del Ecuador, realizan anualmente al iniciar la Cuaresma un retiro en el que participan los sacerdotes de estas jurisdicciones con sus Obispos para prepararse en el acompañamiento del Pueblo de Dios para la celebración del Misterio Pascual del Señor. En esta ocasión se realizó en nuestro Vicariato de San Miguel de Sucumbíos, del 18 al 22 de  febrero en el Colegio Intercultural Bilingüe “Abya Yala” con 70 participantes. Estuvieron presentes los Obispos, Mons. Celmo Lazzari de Napo, Mons. Rafael Cob de Puyo, Mons. Walter Heras de Zamora, Mons. Néstor Montesdeoca de Méndez (Macas), Mons. Eugenio Arellano de Esmeraldas, Mons. Jesús Esteban Sádaba de Aguarico y Mons. Paolo Mietto, nuestro Obispo de Sucumbíos. Estuvo ausente Mons. Manuel Valarezo, Obispo de Galápagos.


Nuestra Vigilia Permanente vivió con profunda alegría la presencia de nuestros hermanos Obispos, de 15 de los 70 sacerdotes diocesanos de los Vicariatos, del P. Guillermo Torres (sacerdote colaborador en Sucumbíos) y de los cuatro sacerdotes incardinados de nuestro Vicariato. Estamos agradecidos/as por la generosidad de compartir con nosotros/as la oración y el deseo de aportar a la unidad de nuestra  Iglesia. Como lo vivimos una vez más, éste es un espacio de fe y de oración al Dios de la Vida para pedir juntas y juntos la Luz de su Espíritu, por la Vida de nuestra Iglesia, el respeto a su proceso histórico, su tradición, la reconciliación y la paz, para que ella vuelva a ser Casa y Escuela de Comunión, como soñó nuestro Obispo Paolo Mietto.


La celebración litúrgica se desarrolló con la sencillez y profundidad de costumbre, pero con el ingrediente especial de orar con hermanos tan especiales, quienes participaron con gentil delicadeza. En torno a la luz y la cruz dimos inicio. Con las velas encendidas en las manos, en actitud vigilante, escuchamos el pasaje del Evangelio de San Lucas 18, 1-8, sobre la pobre viuda y el juez injusto. La reflexión de la Palabra fue enriquecida por la participación de los presentes, tanto laicos y laicas como algunos Obispos que nos animaron a persistir en la oración para ser fieles al Señor y para alcanzar el favor de Dios en nuestras pruebas. Nos insistieron nuestros pastores a orar sin desanimarnos, a superar el número de días, y no contentarnos con un falso orgullo por estar 141 días de Vigilia, sino que debemos hacerlo como práctica constante, porque el hábito de la oración hace parte de nuestro ser cristiano, mucho más cuando hay motivos especiales para hacerla, y que con el ejemplo de persistencia de la pobre viuda alcanzaremos la anhelada reconciliación. Gran mensaje y tarea nos han dejado para seguir en camino…

 

La entrega de la luz fue un momento muy emotivo. Nuestras hermanas Rosita y Sofía Cabezas entregaron la luz a cada Iglesia Hermana en la persona de su Obispo con sus sacerdotes presentes, para que la Luz del Señor siga iluminando en nuestros pueblos de la Amazonía. De manera especial Mons. Mietto recibió la luz para entregar al Obispo de Galápagos. 




Confirmando nuestra Vigilia Permanente los Obispos nos dieron la bendición. Bendición que nos compromete a continuar firmes, fieles y vigilantes a la voluntad del Espíritu desde la realidad cotidiana y atentos/as a los signos de los tiempo, dando testimonio de nuestra fe y razón de nuestra esperanza desde nuestra Iglesia. Así nuestra Vigilia Permanente es el espacio que nos convoca siempre con alegría y nos permite conocernos mejor, formarnos, animarnos, fortalecer y madurar nuestra fe en el Señor de la Vida, profundizar la Palabra, fortalecer nuestras relaciones e integrarnos y, mantener nuestra unidad en la comunidad. Agradecemos una vez más a los señores Obispos y a los sacerdotes que estuvieron allí, su presencia, sus palabras, su cercanía, su cariño, su preocupación y su oración.


El jueves 21 de febrero a las 7 de la noche en la Catedral, participamos de la Celebración Eucarística de clausura del Retiro, a la que fuimos invitados/as por los Obispos el día anterior en la Vigilia. La celebración fue animada por el Movimiento Juan XXIII.

viernes, 1 de marzo de 2013

“SOY QUIEN SOY”

Éxodo 3, 1-8a. 13-15; 1Corintios 10, 1-6. 10-12;

“Soy quien soy”. Esta expresión la usamos en el lenguaje cotidiano de forma habitual para afirmarnos frente a quienes pretenden encasillarnos o situarnos en un lugar o posición determinada. Decir “soy quien soy” es establecer esos límites precisos y necesarios para nuestro propio desarrollo e independencia.  En el  contexto de la revelación a Moisés, Dios se afirma como esa Presencia compañera en el sufrimiento,  Presencia que va  más allá del nombre y del sexo,  Presencia que no se entiende sino desde su capacidad de liberar en la historia del pueblo.
 
Que Dios tiene que ser quien es y no quiere ser identificado con otras cosas distintas de esa acción liberadora y promotora de la justicia. Con esto no sólo dice algo de sí, sino algo de sus interlocutores: si yo soy Quien soy, ustedes que son mi imagen, deben encontrar su identidad verdadera en su capacidad y deseo de liberación y justicia.
¿En qué encuentran los políticos la identidad de sus electores? En la tranquilidad que supone tener asegurada una determinada visión política encasillando el pensamiento en una lista o un programa.

¿En qué encuentra el poder religioso la identidad de sus seguidores? En el “sosiego” que provoca callar humildemente sobre cuestiones que pueden ser espinosas o que pueden generar conflicto y dedicar muchas más  energías en estipular códigos de conducta moral o religiosa.

Encontrar nuestra verdadera identidad desde el Dios del Éxodo que quiere liberar de la opresión es una tarea que no podemos eludir. ¿Cómo nos veríamos a nosotros mismos desde esa visión divina?

Lucas 13, 1-9

Jesús es capaz de interpretar lo que sucede desde esa misma mirada del Dios liberador del Éxodo: inmanipulable, cercano y lejano al mismo tiempo. Por eso, el que Pilatos ejerza su poder opresor o que la gente muera de forma accidental, tiene que suscitar una reflexión más profunda sobre lo que está pasando si es que se quieren propiciar cambios significativos.  Sería hacer una cortina de humo, discutir si las personas muertas por la torre de Siloé eran más o menos pecadoras.

La perspectiva de la higuera estéril, por el contrario, da una nueva visión que es  gestadora de cambios, desde la crítica al sistema más que desde las cuestiones morales o los intentos de apresar a Dios en los marcos humanos.  Los profetas vieron en Israel esa viña llamada a la fecundidad y felicidad,  empañada sin embargo, por las acciones de los dirigentes que sacrifican a la gente para mantener su situación de privilegio.  ¿Se podrá encontrar fruto en algún momento? ¿Qué tiene que pasar para que las cosas cambien?

Si leemos esta Palabra desde nuestro contexto eclesial actual, tendremos que aplicar el discernimiento y tener una mirada más profunda sobre lo que está sucediendo. ¿Se tratará de alabar o criticar la decisión del  Papa? ¿O tendremos que aprovechar más bien para discernir conjuntamente sobre el Papado en sí  y  el modo de ejercer la autoridad en la Iglesia?