martes, 11 de octubre de 2016

Homenaje a Mons. Gonzalo Lòpez M.




Continuamos saboreando el tiempo nuevo que rodea a nuestro pueblo y a nuestra iglesia. Ahora, del 7 al 9 de octubre se realizó el VI Encuentro y Festival Juvenil Amazónico en nuestra ciudad de Lago Agrio, bonito evento por todo lo que promete con nuestra juventud. Ya publicaremos la debida nota al respecto, pero todavía resuena el acontecimiento del 2 de octubre pasado. Por eso, debido a la resonancia del evento que trascendió más allá de Sucumbíos, presentamos a continuación una nueva nota.
En la fiesta de homenaje a Monseñor Gonzalo López Marañón
el pasado domingo 2 de octubre de 2016 en Lago Agrio:


¡Memoria viva  y agradecida, nutrida participación, pluralidad y alegría del encuentro,
sociedad civil en ejercicio
con la fuerza y la magia de lo comunitario y las mujeres organizando,
solidaridad de la familia de Sucumbíos,
fe comprometida y esperanza de iglesia comunidad!


El “Comité de Reconocimiento a la obra de Monseñor Gonzalo López Marañón en Sucumbíos” convocó a la sociedad de Sucumbíos, al homenaje concretado en diversas formas. Se hizo entrega formal de la Resolución de Reconocimiento a Mons. Gonzalo López Marañón, aprobada por la Asamblea Nacional de Ecuador el 31 de mayo pasado. Recibieron el Obispo actual Mons. Celmo Lazzari como representante del Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos y la Orden de los Padres Carmelitas Descalzos, representados por el Delegado Provincial de Ecuador. Se entregó y socializó también a través del Delegado del Ministerio de Transporte y Obras Públicas –MOPT-, la decisión del Ejecutivo con la Resolución 033 del MOPT de 12 de septiembre pasado, mediante la cual se denomina al nuevo puente sobre el río Aguarico con el nombre de “Mons. Gonzalo López Marañón”, develando una pancarta con el nombre. También se socializó por parte del señor Alcalde Vinicio Vega, la señalética que pone en marcha la decisión del Concejo Municipal de Lago Agrio, que con Resolución 130 del 17 de junio pasado, determinó este mismo nombre para la avenida conocida hasta hoy como Av. Aguarico en Lago Agrio, por lo que pasará a llamarse: Avenida Mons. Gonzalo López Marañón.

El Comité socializó también el ante-proyecto para el Monumento–Memorial en honor del querido y recordado Obispo, que se construirá en el redondel de la Avenida con su nombre, cerca de la sede de la Federación de Mujeres de Sucumbíos -FMS-.

El homenaje continuó con la celebración de una Misa campal presidida por Mons. Celmo Lazzari y concelebrada por Mons. Jesús Esteban Sádaba, Obispo de la Iglesia de Aguarico (Orellana) y Mons. Mario Ruiz, Obispo emérito de Portoviejo, con interesantes e iluminadoras reflexiones, que animaban el compromiso social de la fe de una Iglesia que está junto al pueblo. Fue una celebración con significativos símbolos y contenidos en las distintas partes de la Eucaristía y participación activa de las distintas culturas de la provincia: indígena, afro, campesina y urbana.

Se contó con la presencia de autoridades, comunidades cristianas y servidores/as de las mismas, misioneras/os, organizaciones sociales, políticas, cívicas y líderes y lideresas de toda la provincia y público en general. El clima estuvo de maravilla, aunque la llovizna de los primeros momentos fue buena prueba a la confianza y restó mayor concurrencia. El sentido homenaje a Gonzalo, vivido con inmensa gratitud, concluyó compartiendo más de 1200 personas un delicioso almuerzo. Agradecemos a todas ellas su presencia y participación. 

Una bonita fiesta. Signo de nuestros sueños de sociedad y de provincia, cantado tantas veces en nuestras organizaciones, en nuestras luchas: “Felices cantaremos, el día en que logremos hacer un solo pueblo y un solo corazón”. Alegría con profundo carácter social, desde la experiencia del SOY PORQUE SOMOS siguiendo y haciendo realidad el testimonio y legado de Mons. Gonzalo, quién ha sido levantado por la fuerza de la VIDA, para seguir caminando junto al pueblo.
















sábado, 8 de octubre de 2016

Vigésimo octavo Domingo del Tiempo Ordinario.



Lectura orante del Evangelio: Lucas 17,11-19

“Si vives arraigada en Jesucristo y firme en tu fe, vivirás dando gracias” (I. de la Trinidad).  
‘Jesús, maestro, ten compasión de nosotros’. El evangelio de hoy es un encuentro de oración. Todo parte de una necesidad reconocida, de la verdad. Unos leprosos piden compasión a Jesús, que va de camino a Jerusalén, La enfermedad les ha hecho mirarse a sí mismos y tomar conciencia de sus límites. .Jesús, que es compasión y ternura, se salta las normas y deja que se acerquen a Él. Se produce el encuentro. Ahora acercamos esta súplica a nuestra vida y entramos en esta historia de salvación y de ternura. Presentamos a Jesús nuestras heridas y las heridas de la humanidad para que las toque y nos cure. Jesús, ten compasión de nosotros. Acércate y toca nuestras heridas. Tócanos con tu amor.
Al verlos, Jesús les dijo: ‘Id a presentaros a los sacerdotes’. Mientras iban de camino, quedaron limpios. Jesús los ve y les habla a cada uno. Los leprosos obedecen a Jesús, se echan al camino, se quedan solos con su palabra en el corazón. Mientras van de camino se produce la curación por la fuerza curativa de la palabra de Jesús. Quedan limpios, vuelven a la vida gracias a Jesús. La fe y la alegría se despiertan en ellos, ya no pueden olvidar quién los ha curado. Los leprosos nos enseñan a vivir con la palabra de Jesús dentro de nosotros. La palabra de Jesús nos limpia. ¡Qué alegría! Tu palabra, Jesús, sana nuestros pecados. Gracias.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Para uno de los leprosos lo más importante no ha sido la curación, lo más grande ha sido el encuentro con Jesús. Ya no tiene sentido ir a ninguna parte. Solo quiere volver a Jesús, alabarle, darle gracias, amarle con todo el corazón, ponerse al servicio del Reino. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios, su cercanía le ha cambiado de verdad. Su gratitud es la más hermosa expresión de fe. Este leproso nos invita a acercarnos a Jesús, el Señor de nuestra vida, el que nos ama hasta el extremo y nos sana. La sanación puede ser ocasión y estímulo para iniciar una nueva relación con Dios, para darle gloria. Podemos pasar de la indiferencia a la fe, del rechazo a la acogida, de la duda a la confianza, del temor al amor. Esta es la hora para alabarle y bendecirle con inmenso gozo. No perdamos esta oportunidad. Espíritu Santo, haznos discípulos y misioneros de Jesús.
‘¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?’ Los otros nueve no han comprendido el don, no han entrado en la fiesta de la gratuidad. En el fondo no quieren deber amor a nadie. Quieren seguir a solas consigo mismos. No aprecian la novedad de Jesús, Han sido curados de la lepra, pero siguen con la dureza del corazón. No han dejado que les toque la gracia. ¡Cuántas gracias recibidas en nuestra vida se han quedado sin agradecer! Con la ayuda del Espíritu queremos, hoy, poner las gracias recibidas al servicio de los demás. Aquí nos tienes, Señor. Lo que gratis hemos recibido lo queremos dar gratis.
‘Levántate, vete: tu fe te ha salvado’. El samaritano ha encontrado el sentido de la vida en Jesús. El agradecimiento le ha traído la salvación. Ahora puede comenzar una nueva vida, mirarlo todo con los ojos de Jesús, ser su testigo. Ya puede irse a recorrer un camino de libertad y de plenitud, de sanación plena. Siente que Jesús está con él. Sabe que Jesús es su fuente, su fuego, su amigo, su todo. Abrazado por Jesús, puede ir a las periferias ofreciendo compasión y ternura. Puede empezar a vivir con la fe de Jesús. Y nosotros, ¿tendremos el coraje de vivir como él? Creemos en ti, Jesús. La fe en ti nos salva. Gracias, Señor Jesús.
¡Feliz Domingo! Desde el CIPE – octubre 2016

miércoles, 5 de octubre de 2016

Ser puente, camino y esperanza


 
Padre Pedro Pierre

Sucumbíos estuvo de fiesta este fin de semana. Daban nombres a un puente, una avenida y un monumento: el de monseñor Gonzalo López. ¡Hay muertos que se resisten a morir! Y Gonzalo es uno de ellos. Hasta dicen que ya hay obispos que felicitaron a la Federación de Mujeres de Sucumbíos y estuvieron presentes. La Iglesia está en crisis; Jesucristo no. Y Gonzalo era de los que siguen y proclaman a Jesucristo.

El puente y la avenida monseñor Gonzalo López Marañón abren camino hacia el corazón de la Amazonía. ¿Quién más que Gonzalo fue puente? Para abrir esta provincia al resto del país, para hacer conciencia de la importancia de la selva amazónica que es mucho más que el petróleo que nos regala, para defender los 5 pueblos originarios que la habitan con sus costumbres y sabidurías, para preparar la paz entre los pueblos hermanos y los países vecinos, para construir una Iglesia desde los laicos y los ministerios, una Iglesia comprometida con los problemas de la gente…

El monumento quiere recordar la herencia que sembró la congregación de los Carmelitos durante muchos decenios y que Gonzalo llevó a su cumbre, fiel al testimonio de monseñor Leonidas Proaño: la Iglesia de los pobres en Ecuador. El monumento está en un gran redondel: quiere recordar las vivencias alegres y dolorosas de varias generaciones que decidieron vivir su fe con los pies en la tierra, las manos unidas y hombros con hombros, iguales por su dignidad y su bautismo. Los símbolos surgidos del cemento y del hierro quieren perennizar un camino que se abrió en la selva y en los corazones por creer en la fraternidad, el compartir, la organización, la defensa de los derechos humanos, la fe liberadora de Jesús de Nazaret.

Puente, camino y esperanza: esa es la triple herencia que nos deja Gonzalo… mientras otros, tanto en la Iglesia como en la sociedad quieren construir muros, poner barreras y dictar normas intocables. Anticipando al papa Francisco, Gonzalo nos dice que más vale apostar por la misericordia que por las condenas, avanzar juntos en vez de añorar el pasado o imponerlo contra vientos y mareas, luchar decididos porque nada es imposible cuando estamos en el horizonte del Reino inaugurado por Jesús.

Gonzalo es la voz que no se apaga ni después que se lo desalojara de su casa y de su pueblo: su voz es la voz de los pobres y de los pueblos silenciados. Expulsado y calumniado por sus propios hermanos obispos, su nombre se alza más allá de sus perversas maniobras que no logran “tapar el sol con un dedo”. Gonzalo deja sembradas organizaciones fuertes de mujeres, de indígenas, de jóvenes, de ambientalistas, de ciudadanos de pie, de líderes incorruptibles, de sacerdotes felices… ¡Bendita envidia de los que solo protegen sus intereses mezquinos y su vanagloria pasajera, arropándose de autoridad y santidad!

Puente, camino y esperanza: es sobre todo el mensaje de un pueblo, el pueblo de los pobres de Sucumbíos, que quiere seguir digno, valiente y fraterno porque su pastor les confirmó en sus valores, su coraje y su fe. ¡Gonzalo amigo, eres vivo para varias lunas: gracias Sucumbíos!