martes, 20 de enero de 2015

2015 AÑO DE LA LUZ / UTOPÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS


 

NOTA: A inicios del nuevo año, presentamos esta nota, tomada de la Agenda 2015 de ISAMIS.

En nuestra temática formativa de este año, asumimos dos importantes motivos:
uno con carácter universal como es el Año de la Luz y, otro de carácter latinoamericano como es la Utopía de los Derechos Humanos. Aquí ligeramente unas pinceladas provocadoras.

LA LUZ. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado el año 2015 como “Año Internacional de la Luz y las Tecnologías Basadas en la Luz”. Ha llegado a esta decisión porque ha reconocido “la importancia de la luz y las tecnologías basadas en la luz para la vida de los ciudadanos del mundo y para el desarrollo futuro de la sociedad mundial en muchos niveles”. Y señala que desde un fortalecimiento de la enseñanza de la ciencia y las tecnologías de la luz se puede hacer frente a los retos tales como el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza y cuanto más para el bienestar de la sociedad. La luz como tal es una realidad física captada por nuestros ojos. Tiene su estudio, sus teorías e investigaciones.

Pero más allá de estas verdades, desde nuestra óptica cristiana por la fe, la Luz de Cristo, se reviste de un simbolismo de profundos significados. Desde esta experiencia de fe, en ISAMIS, hemos visto la Luz en nuestro caminar, en nuestra historia y, también en la noche oscura colectiva la Luz ha empezado a brillar. ¡Cuánta riqueza ha aportado la Vigilia Permanente! Creer en la Luz a pesar de la fuerza de la oscuridad. Gran tarea, gran responsabilidad, dejémonos iluminar por la Luz de Cristo para alumbrar las realidades de esta vida, y que las luces de la ciencia y tecnología que bien utilizadas ayuden a vencer las tinieblas de nuestras ignorancias.

Derechos Humanos. En sintonía con la Agenda Latinoamericana Mundial, abrazamos las grandes causas, causas que nos humanizan que nos ayudan acercar el Reino de Dios. Por eso este año asumimos en la temática formativa la causa de los Derechos Humanos sugerido por dicha Agenda. La conciencia de la dignidad humana ha ido evolucionando y madurando luego de que la misma humanidad puso en riesgo su futuro con las guerras mundiales. Oficialmente quedó asumido esto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada en 1948. Aunque esto ha significado un importante avance en la conciencia universal de la humanidad, sin embargo, no deja de ser insuficiente en la humanización de la humanidad.

En nuestra Iglesia de Sucumbíos, hemos abrazado esta causa en nuestra planificación y práctica pastoral. Una experiencia emblemática, no la única, fue el “Caso de los 11 del Putumayo”. Ahora nuestro pueblo libra una gran lucha como es el juicio contra la Chevron Texaco. Por eso, la causa de los Derechos humanos, es una gran utopía necesaria y urgente que pide nuestra repuesta, que pide nuestro profetismo comunitario.

Importante ejes temáticos para tener en cuenta en nuestro quehacer pastoral y social. El Año de la Comunión que hemos asumido como Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, que nos remite a la experiencia de la Koinonia de la primitiva Iglesia, la primera Comunidad, nos inspire y ayude a mantener la Luz encendida y humanizando este mundo que resiste a la ternura. Cantamos con alegría: “Yo soy feliz en la Comunidad, en la Comunidad yo soy feliz”.

viernes, 16 de enero de 2015

Él les dijo: ‘Venid y lo veréis’. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.


Domingo segundo del Tiempo Ordinario

Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Juan 1,35-42

“¿Quién más amigo de dar, (que Jesús), si tuviese a quién?” (F 2,7).

Fijándose en Jesús que pasaba. Una mirada limpia, sin prejuicios, es el comienzo de un encuentro. Juan sabe mirar a Jesús; esto es lo mejor de su profecía. Mirar a Jesús es la forma más bella de comenzar el trato de amistad con Él. ¡Nos hace tanto bien volver a mirarle! Nadie puede quitarnos la dignidad que nos otorga su amor infinito. “Mirad que no está aguardando otra cosa sino que le miremos” (C 26,3). Hagamos “concierto con Su Majestad: que mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; y que mire Él por mis cosas y yo por las suyas” (Cp 4,8).

‘Este es el Cordero de Dios’. El encuentro con Jesús es el acontecimiento más importante para Juan. También, para Teresa, el encuentro con el Amigo la liberó de “su vida cansada” (V 9,1), en Él encontró la vida verdadera, “que bien entendía que no vivía" (V 8,12). Para muchos hombres y mujeres, el encuentro o reencuentro con Jesús da un nuevo horizonte a sus vidas, es el acontecimiento por excelencia. Del encuentro con Jesús salen a anunciarlo con alegría. “¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?” (Papa Francisco). “Sea Dios alabado y entendido un poquito más y gríteme todo el mundo” (7M 1,2), dice desafiante Teresa. “¡Alaben os todas las cosas, Señor del mundo! ¡Oh, quién diese voces por él, para decir cuán fiel sois a vuestros amigos!” (V 25,17).

Jesús… al ver que lo seguían, les preguntó: ‘¿Qué buscáis?’ Le contestaron: ‘Rabí, ¿dónde vives?’ Las preguntas de Jesús van a lo esencial, donde están los deseos más profundos. La respuesta de los discípulos también señala la hondura, la oración requiere intimidad. El ser humano puede desvelar sin miedo su misterio de indigencia ante el que viene a colmar todo vacío con su amor. Las cosas no son capaces de dar alegría al corazón. “Nuestra tristeza infinita solo se cura con su infinito amor” (Papa Francisco). Qué bien expresa Teresa de Jesús este juego de búsquedas y encuentros, cuando oye esta respuesta de Jesús: “Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarte has en ti” (P 8).

Él les dijo: ‘Venid y lo veréis’. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Orar es estar con Jesús, caminar con Él. “Mientras podáis no estéis sin tan buen amigo” (C 26,1). “Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama” (Papa Francisco). Después del encuentro con Él, parece que todo sigue igual, pero todo cambia. Las dificultades de la vida siguen estando ahí, pero, con Jesús, le nace a nuestro corazón una alegría, que nadie nos podrá robar. “Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida” (Papa Francisco). Frente a la tentación de quedarnos con los brazos cruzados, Teresa nos invita a caminar con Jesús, encarnando su Evangelio en la vida concreta de cada día. Su amor es fiel. “Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir” (V 19,15).

¡Feliz Domingo! Desde el CIPE – enero 2015

domingo, 11 de enero de 2015

Detrás de mí viene el que puede más que yo.


Domingo del Bautismo del Señor

Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Marcos 1,7-11

“Sea siempre alabado el Señor que todo lo da. Amén” (Santa Teresa, Cp 2,30).

Detrás de mí viene el que puede más que yo.

‘Detrás de mí’, dice Juan Bautista. ‘Cabe mi’, le gusta decir a Teresa: ‘En veros cabe mí, he visto todos los bienes’ (V 22,6). Sea como sea, la presencia de Jesús lo es todo en la oración. Esta presencia, que embellece y da verdad a la oración, es don de Jesús: ‘Pónela de presto (el Señor al alma) junto cabe sí” (C 19,7). En la oración ejercitamos esta presencia de Jesús, con ‘pensamiento sosegado’, que nos rescata de nuestra conciencia aislada. No estamos solos: ‘Si os acostumbráis a traerle cabe vos y Él ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis –como dicen- echar de vos” (C 26,1). La oración es un encuentro con Jesús, que llena de alegría el corazón y la vida entera. El papa Francisco nos invita a ‘renovar ahora mismo el encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarnos encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso’ (EG 3). ’Mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo’ (C 26,1).

Él les bautizará con Espíritu Santo.

Juan barruntó una nueva presencia del Espíritu en la tierra, vio una salida para la profunda crisis religiosa que vivía su pueblo, miró a los cielos cerrados y descubrió que se abría paso una esperanza. No estamos tan lejos de esa situación. En la oración acogemos el don del Espíritu, escuchamos su música callada, nos dejamos empapar y empujar por Él. Es hora de ser fieles al Espíritu. ¿Qué caminos nuevos nos está proponiendo? ¿Cómo quiere renovar la fe dormida? ¿Cómo desea tocar esas dudas que tanto nos cansan? Teresa nos da su luz: ‘Paréceme a mí que el Espíritu Santo debe ser el medianero entre el alma y Dios’ (Cp 5,5). ‘Me dijo el Señor: Mi Padre se deleita contigo y el Espíritu Santo te ama’ (R 13,1).

Llegó Jesús a que Juan lo bautizara.

Jesús, el rostro humano de Dios, se pone a la fila con los pecadores, se abaja, se hace hermano. Teresa invita a recobrar un corazón contemplativo para leer asombrados esta historia de amor. ¡Qué grande es su humildad y dulzura! ‘Nunca se cansa de humillarse por nosotros’ (F 3,13). Puestos ante Jesús, con el corazón abierto, dejamos que nos mire. ‘Ya que os humilláis a Vos en juntaros con nosotros y haceros hermano de cosa tan baja’ (C 27,2). ‘¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia!’ (Papa Francisco, EG 264). ‘Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar’ (5M 4,3).

Se oyó una voz del cielo: ‘Tú eres mi hijo amado, mi predilecto’.

El Espíritu nos hace esperar el amor. Estas palabras, que solo puede decir el Amor, responden a nuestras necesidades más profundas. ‘¡Oh amor fuerte de Dios!’ (Cp 3,4). Nuestra tristeza solo se cura con su infinito amor. ¡Amados, bendecidos en Jesús, llamados a vivir y comunicar el proyecto del Padre como una oferta de bondad para la humanidad! Nos dice Teresa: ‘Cuando lleguéis aquí (a descubrir este amor tan fuerte de Dios) os ruego que os detengáis un poco” (Cp 1,7), que “Amor saca amor” (V 22,14).


¡Feliz fiesta del Bautismo! Desde el CIPE – enero 2015

martes, 6 de enero de 2015

Año de la Comunión


GRACIAS 2014

BIENVENIDO 2015

Año de la Comunión

En este día de la Epifanía, agradecemos al Dios de la Vida por el año 2014 que ha terminado, porque nuestra Iglesia sigue en camino. El 2014 nos dejó un nuevo pastor con “olor a oveja”, Mons. Celmo Lazzari. El Plan Diocesano de Pastoral ha sido ratificado y, ha quedado encaminado un proceso para la elaboración del nuevo Plan Diocesano de Pastoral para el próximo quinquenio.

El 2015, nos recibe con el Año de la Comunión, importante oportunidad para profundizar en la Comunidad. Por eso presentamos el afiche, con motivo de este año. Una pintura muy bella elaborada por el pintor de Sucumbíos Cristian Guillén. Y, a la vez, presentamos la “Oración por la unidad de nuestra Iglesia de Sucumbíos”, elaborada por nuestro Obispo, Mons. Celmo, para inspirar y animar este lindo año.


ORACIÓN por la UNIDAD de
NUESTRA IGLESIA DE SUCUMBÍOS

Señor Jesucristo,
en la noche de la última Cena
pediste al Padre
que viviéramos unidos a Ti
como Tú estabas unido a Él.

Mira nuestras dificultades
y venza en nosotros la resistencia
para que nos dejemos guiar
por Tu Espíritu,
en el camino a la COMUNIÓN.

Sé Tu mismo el vínculo de unidad
en nuestras familias,
en nuestras comunidades,
en nuestra Iglesia,
para que podamos gozar la alegría
de ser hermanos, hijos de Tu Padre,
y testimoniar Tu presencia salvadora
en el mundo. Amén.

Mons. Celmo,
Obispo de San Miguel de Sucumbíos

domingo, 4 de enero de 2015

En el principio ya existía la Palabra... En la Palabra había vida y la vida era la luz de los hombres


Domingo segundo de Navidad

Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Juan 1,1-18

“En verte, Jesús, junto a mí, he visto todos los bienes” (Santa Teresa, V 22,6).

En el principio ya existía la Palabra... En la Palabra había vida y la vida era la luz de los hombres. Nuestra oración comienza con un silencio asombrado, humilde. La Palabra está tan llena de vida que nuestra respuesta no puede ser otra que el asombro: “alegrarnos de considerar qué tan gran Dios y Señor tenemos que una palabra suya tendrá en sí mil misterios” (CA 1,2). Sin acomodar la Palabra a nuestra medida -“no os canséis ni gastéis el pensamiento en adelgazarla” (CA 1,1)-, sino dejando que su luz nos recoja en la interioridad. “Me han recogido más las palabras de los Evangelios que libros muy concertados” (C 21,4). En lo más hondo de nosotros, la Palabra nos libera de la nada, está llamándonos a la vida, no se cansa de amarnos. “Bendito sea Aquel que nos invita a beber de su Evangelio” (CE 35,3).

Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Continuamos con la oración interior. Caemos, ahora, en la cuenta de que nuestra interioridad es casa de la Palabra. Por desgracia, muchas veces lo olvidamos. “¡Oh Señor mío, que de todos los bienes que nos hicisteis, nos aprovechamos mal! Vuestra Majestad, buscando modos y maneras e invenciones para mostrar el amor que nos tenéis; nosotros, como mal experimentados en amaros a Vos, tenémoslo en tan poco, que de mal ejercitados en esto vanse los pensamientos adonde están siempre y dejan de pensar los grandes misterios que este lenguaje encierra en sí” (CA 1,4). En este olvido de la Palabra está nuestro daño: “Todo el daño que viene al mundo es de no conocer las verdades de la Escritura con clara verdad” (V 40,1). Ven, Espíritu. Enséñanos a dejarnos abrazar por la Palabra de vida. “Oh Señor de mi alma, y quién tuviera palabras para dar a entender qué dais a los que se fían de Vos, y qué pierden los que llegan a este estado, y se quedan consigo mismos!... ¡Bendito seáis por siempre jamás!” (V 22,17).

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Estamos ante el Dios humanado, entramos en la fiesta de las miradas: ¡mirar al que nos mira! Miramos a Jesús y descubrimos en Él a un amigo junto al que se va gestando nuestro ser más verdadero. “Es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle humano” (V 22,9) “Es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía” (V 22,10). “Quisiera yo siempre traer delante de los ojos su retrato e imagen” (V 22,4). La Palabra se ha hecho humanidad, ha echado raíces en nuestra tierra, nos ama desde abajo, desde adentro. “Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir: él ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero” (V 22,6).

De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. La Palabra camina a nuestro lado, nos comunica la plenitud. “¿Pensáis que se está callando? Aunque no le oímos, bien habla al corazón cuando le pedimos de corazón” (C 24,5). La Palabra ha abierto en nosotros espacios interiores de confianza, en Ella encontramos los amores que andábamos buscando, descubrimos la gracia nunca antes imaginada. Nadie debe quedar “fuera de gozar las riquezas del Señor” (CA 1,8). “Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes… Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí” (V 22,7).

¡Feliz Navidad! - CIPE, enero 2014

viernes, 2 de enero de 2015

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO - XLVIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ



 
1 DE ENERO DE 2015
NO ESCLAVOS, SINO HERMANOS 

Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales.

 En el mensaje para el 1 de enero pasado, señalé que del «deseo de una vida plena… forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer»…. Por desgracia, el flagelo cada vez más generalizado de la explotación del hombre por parte del hombre daña seriamente la vida de comunión y la llamada a estrechar relaciones interpersonales marcadas por el respeto, la justicia y la caridad. Este fenómeno abominable, que pisotea los derechos fundamentales de los demás y aniquila su libertad y dignidad, adquiere múltiples formas 

A la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad:  El tema que he elegido para este mensaje recuerda la carta de san Pablo a Filemón, en la que le pide que reciba a Onésimo, antiguo esclavo de Filemón y que después se hizo cristiano, mereciendo por eso, según Pablo, que sea considerado como un  hermano…Onésimo se convirtió en hermano de Filemón al hacerse cristiano. Así, la conversión a Cristo, el comienzo de una vida de discipulado en Cristo, constituye un nuevo nacimiento (cf. 2 Co 5,17; 1 P 1,3) que regenera la fraternidad como vínculo fundante de la vida familiar y base de la vida social.

Múltiples rostros de la esclavitud de entonces y de ahora:  Desde tiempos inmemoriales, las diferentes sociedades humanas conocen el fenómeno del sometimiento del hombre por parte del hombre…Sin embargo, a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud. Me refiero a tantos trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos, muchos emigrantes, personas obligadas a ejercer la prostitución, niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional,  y finalmente en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas.

Algunas causas profundas de la esclavitud: Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto. Junto a esta hay otras que ayudan a explicar las formas contemporáneas de la esclavitud. En primer lugar la pobreza, la falta de acceso a la educación o las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo y hay que incluir también la corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse. Otras causas de la esclavitud son los conflictos armados, la violencia, el crimen y el terrorismo

Compromiso común para derrotar la esclavitud: Con frecuencia, cuando observamos el fenómeno de la trata de personas, del tráfico ilegal de los emigrantes y de otras formas conocidas y desconocidas de la esclavitud, tenemos la impresión de que todo esto tiene lugar bajo la indiferencia general….Aunque por desgracia esto es cierto en gran parte, quisiera mencionar el gran trabajo silencioso que muchas congregaciones religiosas, especialmente femeninas, realizan desde hace muchos años en favor de las víctimas…la acción para derrotar a este fenómeno requiere un esfuerzo conjunto y también global por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad…. los Estados, las organizaciones intergubernamentales, las empresas, las organizaciones de la sociedad civil, Globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia:  En su tarea de «anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad»,[9] la Iglesia se esfuerza constantemente en las acciones de carácter caritativo partiendo de la verdad sobre el hombre. Tiene la misión de mostrar a todos el camino de la conversión, que lleve a cambiar el modo de ver al prójimo, a reconocer en el otro, sea quien sea, a un hermano y a una hermana en la humanidad; En esta perspectiva, deseo invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento. 

Por esta razón, hago un llamamiento urgente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad… para que no sean cómplices de este mal, para que … que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristo, que se hace visible a través de los numerosos rostros de los que él mismo llama «mis hermanos más pequeños» (Mt 25,40.45).

Seamos artífices de una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que les dé esperanza y los haga reanudar con ánimo el camino, a través de los problemas de nuestro tiempo y las nuevas perspectivas que trae consigo, y que Dios pone en nuestras manos.

Vaticano, 8 de diciembre de 2014

FRANCISCO