sábado, 3 de diciembre de 2016

Domingo segundo de Adviento



Lectura orante del Evangelio: Mateo 3,1-12
“El adviento es un encuentro con Jesús” (Papa Francisco).   
Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Las profetisas y los profetas son las/os precursores de Jesús. ¡Cuánto les necesitamos! Con fuego del Espíritu y locura de amor por el pueblo agitan la vida acomodada, abren sin miedo caminos nuevos, avisan del riesgo de seguir adelante por inercia. Su grito, nunca acallado del todo, resuena también para nosotras/os: Pongan en el centro a Jesús, abran los ojos para mirarle, vuelvan a Él, permitan que les hable e ilumine sus problemas, interrogantes y sufrimientos, acojan su Evangelio. Las profetisas y los profetas nos invitan a convertirnos de todo corazón a Dios. Nos convertimos cuando dejamos espacio al consuelo que viene del Señor. Oramos dando gracias, dejándonos amar por el Señor. Ven Jesús. Consuélanos con María, la mujer que salió de sí misma para encontrarte.  
Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Las profetisas y los profetas proclaman en los cruces de los caminos: ‘Preparad el camino del Señor’, no estén parados, pónganse en camino para encontrar al Señor que les busca. Hacemos bien en escuchar la voz de los profetas. Ellas/os nos invitan a soñar en lo imposible, sin que nos encerremos en el pasado. Sus mensajes, cargados de esperanza, rompen nuestras durezas, nos empujan más allá de tristezas y lamentos, invitan a desaprender para aprender. Abrimos el oído para escuchar este rumor imparable de la Vida, con el que Dios quiere sorprendernos: Él es el Señor de las sorpresas. Ven Jesús. Enséñanos a vivir como María: en esperanza de Dios, desafiando toda desesperanza.
Dad el fruto que pide la conversión. El fruto que pide la conversión a Dios es una compasión hacia todas/os, que transforme nuestras vidas en vidas samaritanas para curar las heridas de quienes sufren. El fruto es el aprendizaje de un estilo de vida que acoge a quienes piensan y creen de distinto modo que nosotras/os, para aunar fuerzas y trabajar juntas/os por la justicia, la verdad, la paz. El fruto es un lujo de bondad con el que Dios nos hace capaces de poner amor donde no lo hay. El fruto es una melodía de esperanza que vence toda sombra y todo luto, abre caminos en el barro, afirma la libertad en la misma esclavitud, pone en marcha estilos de vida solidarios donde las/os más pequeñas/os pueden respirar. El fruto es sentirnos llamadas/os a ‘una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría de Jesús’ (Papa Francisco). Ven Jesús: fruto de salvación que nos viene de la Virgen María.
Yo os bautizo con agua… pero Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Si el pozo no mana, nosotras/os no podemos fabricar el agua. Todo viene del fuego del Espíritu. Él es nuestro amigo. Con Él todo es gracia. "Quiero pedir para usteds el Espíritu Santo. Que el Espíritu Santo descienda sobre ustedes y puedan todos decir lo más pronto posible que el Espíritu Santo es su amigo, su luz, que Él es su maestro. Es lo que les deseo a todos, es lo que pido y seguiré pidiendo. La gran riqueza es estar poseídos por el Espíritu Santo, ser transformados por el Espíritu" (Bto. María Eugenio del Niño Jesús). Ven Jesús. Bautízanos con el Espíritu de María.  
¡Feliz tiempo de Adviento! Desde el CIPE – Diciembre 2016

miércoles, 30 de noviembre de 2016

GRAN FIESTA DIOCESANA DEL COMPARTIR EN SUCUMBÍOS




En la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, fin del año litúrgico, la Iglesia de Sucumbíos se vistió de fiesta celebrando conjuntamente la Clausura del Año de la Misericordia, el Día de la Iglesia Católica en Ecuador con la Campaña “Cinco Panes y dos peces”, y el Lanzamiento del Plan Quinquenal de la Iglesia Local. Todo esto fundido en una sola y Gran Fiesta Diocesana del Compartir.
Fue motivo de inmensa alegría la convergencia de tantos y tan significativos acontecimientos:
-          La Clausura del Jubileo de la Misericordia, en sintonía con toda la Iglesia Católica y el magisterio del Papa Francisco, que nos invita a hacer de la misericordia “la viga maestra de la vida y acción de la Iglesia” y a pedir “la gracia de no cerrar nunca la puerta de la reconciliación y del perdón, sino de saber ir más allá del mal y de las divergencias, abriendo cualquier posible vía de esperanza” (Cf. Clausura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia).
La Iglesia de Sucumbíos, respondiendo a esta invitación, ha recogido la MISERICORDIA como uno de los ejes transversales de su Plan Quinquenal de Pastoral y quiere seguir como Iglesia en salida dentro del espíritu del Concilio Vaticano II, del que el Año de la Misericordia fue su Jubileo.
-          El día de la Iglesia Católica en el Ecuador, con la “Campaña de los de los Cinco Panes y dos peces”, cuyo lema es “Iglesia somos todos”. Es un llamado a todos/as los/las bautizados/as a identificarnos con nuestra Iglesia y con su misión evangelizadora.
Aquí la Iglesia es entendida “más que como institución orgánica y jerárquica, ante todo como Pueblo de Dios que peregrina hacia el Reino de Dios” (cf. EG 111).
En Sucumbíos se ha ido formando un pueblo de Dios que peregrina haciendo comunidades cristianas en las que vive y celebra su fe y esperanza, encarnándolas en las diferentes culturas presentes en los pueblos de la provincia: culturas Indígenas (Cofán, Siona, Secoya, Quichua y Shuar), Afro, Campesinas (provenientes de diferentes provincias del Ecuador y de Colombia) y Urbanas.
Pero, evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios. Por eso el Pueblo de Dios “camina con los dos pies”: uniendo la fe y la vida, sin dualismos ni reduccionismos, buscando hacer realidad cada día esa “vida y vida en abundancia” que vino a traer Jesús (Jn 10, 10).
-          El lanzamiento del Plan Quinquenal, fruto de un proceso participativo, desde la base de la Iglesia, desarrollado durante dos años, con la metodología de la Iglesia Latinoamericana.
De ese modo el Plan Diocesano de Pastoral (2016-2021) de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos es el resultado de una búsqueda conjunta que tiene como fin crecer en fidelidad al evangelio en el seguimiento de Jesús hoy. Se ha concretado en un proceso formativo que ha partido de la reflexión y evaluación de nuestra vida y acción pastoral  (VER: Documento ADP 2015),  se ha dejado iluminar por nuestra experiencia del evangelio, el magisterio del Papa Francisco y los acontecimientos (JUZGAR: 2015-2016) y busca recrear hoy en nuestros contextos la Buena Noticia de Jesús para responder a los desafíos (ACTUAR: ADP 2016).
Las propuestas que hemos realizado NOS COMPROMETEN a ACOMPAÑAR/NOS en el fortalecimiento de la identidad, AYUDAR/NOS a encarnar el evangelio, y SEMBRAR/NOS buscando comunión. Y a velar por el cumplimiento de la vivencia y práctica de los Ejes, que tocan aspectos constitutivos y fundamentales de nuestra vocación y misión: 1) misión permanente, 2) discipulado misionero, 3) misericordia, 4) interculturalidad, 5) justicia, paz e integridad de la creación, 6) formación integral y espiritualidad y 7) economía solidaria y de comunión.

Queremos caminar desde el impulso del Espíritu que nos mueve hoy
a ser Iglesia comunidad, misionera, renovada y en salida.

Por ello, Mons. Celmo, Vicario Apostólico de Sucumbíos, al final de la celebración eucarística entregó el Plan Quinquenal de Pastoral a las cuatro Unidades de Pastoral: indígena, negra, campesina y urbana, al Equipo de Acompañamiento y a los Equipos Misioneros del Vicariato de Sucumbíos, para que “cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada movimiento o grupo se inserte activamente en la pastoral orgánica de nuestro Vicariato” (cf DA 169).
De este modo, esta Gran Fiesta del Compartir Diocesano, nos abre de lleno al tiempo del Adviento, tiempo de esperanza, vigilante, activa y comprometida. Estamos anhelantes de un tiempo nuevo, aunque algunos proclamen el final de la utopía y de los sueños. La esperanza cristiana nos lleva a seguir luchando y a comprometernos a seguir sembrando vida, forjando los cielos nuevos y la tierra nueva donde habite la justicia. Y así, Jesús continuará encarnándose y naciendo entre nosotros/as.
Les deseamos a todos/as un lindo y sentido Adviento.














sábado, 26 de noviembre de 2016

Domingo primero de Adviento



Lectura orante del Evangelio: Mateo 24,37-44
“Estoy sobre la palma de tu mano,
jugando como un niño;
no la quites, Señor, fuera de ella
ha tendido la nada sus abismos” (Pablo Fernández).
Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Ninguna crisis puede detener el empuje del Espíritu que invita a los pueblos de la tierra a caminar al encuentro con Dios. El adviento es camino hacia un encuentro: ‘Quiero ver a Dios’ (Beato María Eugenio). La fidelidad del Señor recrea el horizonte de la esperanza, colma de alegría nuestro vacío profundo. En este viaje nos acompaña la Virgen María, una sencilla muchacha del pueblo, que lleva en su corazón toda la esperanza de Dios. ‘Ahora es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia’ (Papa Francisco).  
Cuando menos lo esperaban llegó el diluvio. Es verdad que, en un instante, nuestras seguridades pueden resquebrajarse dejándonos en el vacío. Pero es más verdad que somos infinitamente amadas/os por Dios; más allá de todo lo que pasa y se muda, estamos en sus manos amorosas. El Señor es fiel, nunca decepciona. Pensemos y sintamos esta belleza. En el adviento abramos el corazón a la confianza de ser amadas/os por Dios. Su amor nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestro pecado’ (Papa Francisco).
‘Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor’. El Señor, camino y meta de nuestra peregrinación, es la belleza de nuestra esperanza, siempre nos espera. Si sentimos la mano amorosa del Padre que acoge y abraza, el adviento será un tiempo nuevo que nos permitirá alcanzar nuestro ser más verdadero. El Espíritu, con su cercanía de amigo, nos empuja a ir más allá de nuestras incertidumbres. Jesús, que viene como aurora, ahuyenta nuestra noche y nos da el sentido de la vida. La oración nos permite estar en vela mirando que este mundo, tan lleno de contradicciones, sigue siendo el mundo que Dios ama. Es hora de despertar, de ir más allá de nuestros intereses y abrir bien los ojos para consolar a quienes sufren. ‘Volvamos los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco).
‘Estén preparados’. El Espíritu es experto en suscitar esperanzas en el aquí y ahora. El momento presente es digno recipiente de gracia gratuita y solidaria. La oración nos ayuda a desentrañar la presencia de Jesús que se acerca y trae la alegría. Un pequeño deseo de Dios que crece en el corazón, una pequeña llama de amor viva al Señor, un pan compartido con las/os pobres, mirar, escuchar, acompañar y curar las heridas de quienes sufren: todo eso y mucho más es oración. Dejémonos guiar por María en este tiempo de espera y vigilancia activa. ‘Querer acercarse a Jesús implica hacerse prójimo de las/os hermanas/os, porque nada es más agradable al Padre que un signo concreto de misericordia’ (Papa Francisco).                                                                                         
¡Feliz Adviento! Desde el CIPE – noviembre 2016