domingo, 19 de abril de 2015

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras



Domingo tercero de Pascua

Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Lucas 24,35-48
“De ver a Cristo, me quedó imprimida su grandísima hermosura” (Vida 37,4).     

Contaban los discípulos cómo reconocieron a Jesús al partir el pan. La fe en Jesús resucitado se revitaliza cuando escuchamos en la comunidad cristiana relatos de hermanas y hermanos que han reconocido a Jesús en sus vidas. Jesús se hace presente de muchas maneras. A Teresa de Jesús se le hizo presente en la interioridad, en “un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en Él” (V 10,1). A los discípulos se les hizo presente al partir el pan. La interioridad, como espacio para la mirada contemplativa, y el pan, partido y repartido para que sea de todos, son maneras de reconocer y recordar a Jesús. Orar, a solas o en grupo, es la ocasión privilegiada para percibir la presencia de Jesús y encontrar la fuerza para partir el pan con los que no lo tienen. “Parecíame andar siempre a mi lado Jesucristo… que ninguna vez que me recogiese un poco… podía ignorar que estaba cabe mí” (V 27,2).

Mientras hablaban, se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo: ‘Paz a vosotros’. A nosotros, como a los discípulos, son muchas las cosas que nos pesan y nos quitan la paz. Así estamos, a esto damos vueltas en nuestros diálogos interiores, de estas cosas hablamos con los que nos rodean. Teresa de Jesús nos da su testimonio y nos invita a vivir en este momento, estemos como estemos, la experiencia de Jesús. “Parecíame estaba junto cabe mí Cristo y veía ser Él el que me hablaba” (V 27,2). “No podía dejar de entender estaba cabe mí y lo veía claro y sentía” (V 27,3). “Entiéndese que está allí Dios por los efectos que hace al alma” (V 27,4). “Pone el Señor lo que quiere que el alma entienda, en lo muy interior del alma” (V 27,6). “Todo parece obra del Señor” (V 27,7).

¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. ‘Yo soy’, (‘Yo soy fiel”, R 26,1), es la palabra más fuerte que escucha Teresa de labios de Jesús; también nosotros somos invitados a escucharla. Se la repite Jesús en momentos cruciales de su vida. Ella basta para superar los miedos. “No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te desampararé… Heme aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi alma hecha otra” (V 25,18). “Mirad que es así cierto, que se da Dios a Sí a los que todo lo dejan por Él” (V 27,12).  

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. La presencia de Jesús en medio de nosotros rompe nuestras lógicas, va más allá de nuestras fuerzas. “Sin trabajo ninguno suyo, la hace capaz de tan grandes bienes y le comunica secretos y trata con ella con tanta amistad y amor que no se sufre escribir” (V 27,9). Nos cuesta entender tanto don, y tan gratuito. Tiene que ayudarnos a entenderle y a entendernos a nosotros de otra manera. La Palabra de Jesús cura nuestra tristeza, nos da la paz, nos hace nuevos. “Sus palabras son obras. ¡Oh, válgame Dios, y cómo fortalece la fe y aumenta el amor!” (V 25,18).

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! Desde el CIPE – abril 2012