domingo, 8 de noviembre de 2015

Domingo trigésimo segundo del tiempo ordinario



Lectura orante del Evangelio: Marcos 12,38-44
“El alma que de veras a Dios ama, no empereza hacer cuanto puede por hallar al Hijo de Dios, su Amado; y aun después que lo ha hecho todo, no se satisface ni piensa que ha hecho nada” (Juan de la Cruz, CB 3,1).
‘¡Cuidado con los escribas!’ También en nuestra oración puede haber falsedad. ¡Cuidado! También puede haber vanidad, afán de ostentación, orgullo. ¡Cuidado! También puede ser una excusa más para alimentar el ego. ¡Cuidado! Es increíble la facilidad con que nos consideramos mejores, superiores, primeros/as, y la facilidad con que marginamos y despreciamos a otros/as como malos/as, últimos/as, perdedores/as, indignos/as. Una oración así es falsa y, además, hace daño. Dios dispersa a los soberbios/as. Una religión sin fe es un peligro que siempre nos acecha y que tiene muchos/as adeptos/as. Ven Espíritu, Señor. Ayúdanos a andar en verdad. Enséñanos a orar en verdad.       
Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero. La cosa va de miradas. ¡Cuánto hacemos para mirarnos! ¡Cuánto para ser mirados y admirados! El mundo tiene ojos para mirar apariencias. La mirada de Jesús es otra cosa, no es neutral, va a contracorriente, desmonta nuestras mentiras y tinglados espirituales de dominio sobre los otros/as, saca a la luz la verdad que esconde nuestro corazón. La oración es dejar que Jesús, sentado en nuestra interioridad, nos mire. Jesús, nos ponemos confiadamente a la luz de tu mirada.  
Muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Tintineo sonoro de las monedas de oro frente al sonido imperceptible de dos reales de bronce. Dominio de la escena de quienes creen que dan y hacen más que nadie frente a la abajada invisibilidad de quienes no cuentan, ni valen, ni dan. Oración de un ego tan ensalzado, incapaz de ver al tú frente a la oración de una mujer pobre que da su pobreza. ¿Qué mira Jesús? ¿En quién pone los ojos? Mira a quienes nadie mira, levanta del polvo a los/as pequeños/as, alza de la basura al pobre, a la pobre, abraza a quienes no son nada. Míranos, Jesús, con tu mirada de amor; esta será nuestra inesperada riqueza.  
Os aseguro que esa pobre viuda ha echado… más que nadie. Una pobre, que no está sentada en la cátedra, enseña a vivir el Evangelio. Una mujer, de fe sencilla y corazón generoso, es la que más se parece a Jesús. Una viuda desamparada, al darse del todo al Todo de una forma callada, dice que Dios quiere ser Todo en todos/as. Una insignificante que ama es lo mejor de la Iglesia, es espejo para los que oramos y nos tenemos por entendidos/as en las cosas de Dios. ¡Cuánto necesitamos a pobres y sencillos para creer en Ti, para conocerte y amarte a Ti!    
Los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. O jugar a dar sin dar ni darnos por entero o dejar que sea el corazón creyente quien hable; o acumular en la estrechez de miras o compartir ampliando los horizontes del corazón; o engañar a Dios o confiar totalmente en Él viviendo una generosidad sin límites. Gracias, Jesús, por los que aman de verdad.  
Visita nuestra página www.cipecar.org - CIPE, noviembre 2015