sábado, 1 de junio de 2013

COMER HASTA HARTARSE: Lc 9, 11b-17


Estamos en descampado.  Ésa era la realidad que compartían quienes estaban con Jesús al atardecer. Estamos en precariedad. Estamos en crisis. Una realidad nada extraña para quienes vivimos hoy en el mundo. Esa realidad tan compartida por “descampada” en el empleo, en las relaciones, en las instituciones, en la política, en las religiones… a pesar de los esfuerzos por aparentar estabilidad y seguridad.

¿Estamos en condiciones de actuar? Parece que en muchos lugares del mundo buenas acciones cotidianas nos están salvando de la desesperación. Pero sospechamos que no es suficiente si a la vez en cada quien no se da una respuesta personal e inédita ante lo que ocurre.  Y ahí las acciones pueden ser muy variadas. En el evangelio se dan dos tipos de reacciones ante la situación de precariedad y desamparo que traen también unas acciones concretas:

-          La de Jesús: hablar del Reino y curar enfermos.  

-          La de los discípulos: no están en ésa. Más bien, agobiados por la situación crítica,  buscan desesperadamente una seguridad que les libre de responsabilidad. Y encuentran una solución: quitarse de encima a la gente que señala claramente las raíces de la crisis.

Que Jesús hable del Reino y cure enfermos en esa situación es muy importante para lo que se dará después. Porque está inaugurando una nueva forma de reaccionar ante lo que paraliza, desborda y desespera. Esa nueva forma es la actuación del Reino. A la vez, evidencia que la dinámica de los discípulos de quitarse a la gente de encima no sólo no es eficaz sino que es una dinámica de muerte. Los discípulos no tienen propuesta.

La clave está en la mirada: mientras Jesús está viendo a gente que clama compasión en una realidad de injusticia, los discípulos ven una masa que estorba y que en cierto sentido, es culpable de su situación, al considerar que son quienes deben irse a comprar a los pueblos sin la más mínima consideración o reflexión de  la situación compartida por todos.

Denles ustedes de comer: la interacción con Jesús da lugar a una nueva dinámica.  Frente a la tendencia evasiva, la reacción compasiva.  Pero para ejercer una compasión inclusiva, eficaz y global hay que hacer un proceso:

-          Primero: Sentar a la gente en grupos. Es decir, reconstruir la circularidad. Es una manera de hacer frente a la dispersión que genera la situación de injusticia. Restablecer lazos de unión y de equidad.

-          Segundo: Articular los recursos para una mesa compartida: Articular aquello con lo que se cuenta no para un uso individual o capitalista sino para un uso compartido e incluyente.

Y se produce el cambio radical de situación. De una gente hambrienta y paralizada, se pasa a una situación de abundancia y hartura, alegría y fiesta. 

Si miramos nuestra situación,  sabemos que esto no es fácil, pero también tenemos la certeza de que la Palabra de Jesús nos da claves idóneas para el cambio de realidad:

a) SABER MIRAR: reconsiderar cotidianamente nuestras perspectivas ante las realidades que nos tocan vivir. ¿Qué estamos percibiendo? ¿Cómo vemos a la gente que clama compasión? ¿Qué causas creemos que están detrás de la situación de desamparo?

b) REORGANIZAR LA VIDA: Jesús nos invita fuertemente a un cambio de sistema y de relaciones. De un sistema en el que priman relaciones desiguales, un sistema de individualidades consumistas, a un sistema de igualdades solidarias para saciar el hambre y la sed, para restaurar la esperanza y dar horizonte.

c) ACTUAR EL REINO, CURAR ENFERMEDADES: la situación permanente de desamparo como consecuencia del padecimiento de injusticias tiene un efecto de muerte contra el que se debe actuar pacientemente. Y ese actuar es el del Reino: bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino, bienaventurados los sencillos, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia… esa bienaventuranza está invirtiendo el actual estado de cosas.

Al final del relato nos damos cuenta de que no hubiera sido posible comer hasta hartarse sin todo ese proceso previo transformativo de la realidad que Jesús inaugura. ¿Estamos en disposición a vivir procesos de cambio para que Dios sea quien al final sacie nuestras hambres?