sábado, 20 de diciembre de 2014

“¿Qué gozo no dará el verte? (Santa Teresa, Poesía 21)



Domingo cuarto de Adviento  
Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Lucas 1,26-38
“¿Qué gozo no dará el verte? (Santa Teresa, Poesía 21)    

Alégrate. Es la primera palabra que nos dice el Espíritu cuando vamos a orar. Lo que escuchó la Virgen María, nos lo dice a todos: ‘Alegraos’. Dios, que es gozo pleno, nos enamora con la alegría. Nuestra vocación más honda es la alegría. La Navidad, que es “alegrarse de que tengamos tal Señor” (Conc 1,2), es el mejor tiempo para “acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad… y alegrarse con Él en sus contentos” (Conc 12,2). Ante el Niño Dios, no se sabe cómo encubrir el gozo (cf F 27,20). Teresa de Jesús que, en medio de las dificultades, nunca le perdió el rastro a la alegría, nos invita a “andar con alegría y libertad” (V 13,1). “Cuando considero en cómo decís que son vuestros deleites con los hijos de los hombres, mucho se alegra mi alma” (E 7,1-2).
 
Llena de gracia. “Ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre. Jesús es el amor hecho carme” (Papa Francisco). En el lienzo de la pequeñez de María, el Espíritu pinta a Jesús, “la hermosura que excede a todas las hermosuras” (P 6), “de quien recibimos todo” (V 22,6). La Virgen, en su gratuidad, nos ofrece al que lleva dentro para que nos sepamos amados y lo adoremos. ¡Somos tan amados, que no nos lo podemos ni imaginar! Nuestra interioridad, morada de Jesús, como un río de belleza que nos nace dentro, ¡qué maravilla! ¿Cómo responderemos a tanto amor? ¿Cómo le alabaremos? “Aquí querría el alma que todos viesen y entendiesen su gloria para alabanza de Dios, y que la ayudasen a ella y darles parte de su gozo porque no puede tanto gozar” (V 16,3). 

El Señor está contigo. El Señor está con María, está con nosotros. “De tal manera ha querido juntarse con la criatura que, así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M 2,3). La Navidad es el tiempo para “entender el particular cuidado que Dios tiene de comunicarse con nosotros y andarnos rogando que nos estemos con Él” (7M 3,9). “Aquel acuerdo de que tengo compañía dentro de mí es gran provecho… porque Su Majestad se dará a sentir cómo está allí” (C 29,5). El Señor nos junta con su grandeza. “Juntáis quien no tiene ser con el Ser que no se acaba; sin tener que amar amáis, engrandecéis nuestra nada” (P 6).  “¡Oh grandeza de Dios, y cuál sale una alma de aquí, de haber estado un poquito metida en la grandeza de Dios y tan junta con Él!” (5M 2,7).  

Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Lo más importante es dejarnos hacer por la Palabra, como María. Para eso es la oración. “Siempre oímos cuán buena es la oración, y no se nos declara más de lo que podemos nosotros; y de cosas que obra el Señor en un alma declárase poco” (1M 2,7). Decir ‘hágase’ es entrar en el silencio y la soledad, porque esta obra “pasa con tanta quietud y tan sin ruido todo, que me parece es como en la edificación del templo de Salomón, adonde no se había de oír ningún ruido… Solo Él y el alma se gozan con grandísimo silencio” (7M 3,11). “Bien es procurar más soledad para dar lugar a este Señor y dejar a Su Majestad que obre como en cosa suya; y cuanto más, una palabra de rato en rato, suave, como quien da un soplo en la vela” (C 31,7). “Vamos todos juntos a ver el Mesías, pues vemos cumplidas ya las profecías” (P 17).

Los que formamos el equipo del CIPE os deseamos: ¡Feliz Navidad!  - diciembre 2014