lunes, 13 de mayo de 2013

Lc 24,46-53:La Ascensión del Señor o el arte de no quedarse parados…


De todas las recomendaciones que viene haciendo el Espíritu de Jesús a la comunidad cristiana, ésta de la Ascensión,  de no quedarse de pie mirando al cielo tuvo que ser muy significativa en los principios del cristianismo.  Parece que quienes le seguían junto a la tentación del miedo y de la falta de ánimo, corrían el riesgo de caer en  la tentación de la parálisis.   

Parálisis que se manifestaba en una contemplación de Jesús Resucitado sin consecuencias. Percibir a Jesús como alguien que se va del mundo, en lugar de escuchar y guardar su Palabra que insistentemente dice: tengan ánimo, yo he vencido al mundo, estoy con ustedes hasta el final… y por lo tanto, estoy dando vida a esta humanidad.

Parece que el dejarse atrapar por la parálisis implica que no se cree de verdad en el Resucitado. Y que es muy importante para una vida cristiana saludable, evaluar cómo miramos a Jesús, qué esperamos en realidad de él, cómo le vemos hoy en el mundo…  

Estar de pie entonces para quien sigue a Jesús es una postura de dignidad. Jesús fue dueño de sí mientras anduvo por la tierra. Jesús se mantuvo de pie ante el tribunal que le condenó, Jesús puso en pie a mujeres y varones y les devolvió la posibilidad de vivir plenamente su humanidad. Pero nunca se quedó de pie por falta de esperanza y de pasión por el Reino.

Por lo tanto, si nuestro estar de pie no está ayudando a rescatar nuestra propia dignidad y la de las otras personas, y si evidenciamos parálisis dejándonos llevar por el miedo a construir el Reino, no somos de Jesús.

Hoy, el Maestro vuelve a espabilarnos y a decirnos: vivan la Buena Noticia en el mundo y ayuden a que mi Espíritu brote en total novedad y se evidencie en las personas, instituciones, organizaciones y en toda la vida como una fuerza transformadora.
Sólo queda que nos pongamos a la escucha y creamos de verdad en su Palabra. En estos tiempos amenazantes, donde escuchamos muchas voces, el Maestro nos llama poderosamente desde dentro de nosotros mismos a escuchar lo que quiere decirnos y a caminar alegres con Él.