miércoles, 11 de septiembre de 2013

Fiesta de la Churonita - INSTITUCIÓN DE MINISTERIOS

Lago Agrio, 8 septiembre 2013

Sorprende mucho que la vocación mayoritaria en la Iglesia, que es la del laicado, tenga tan poco espacio en ella. No es que a nivel oficial no se reconozca. Se trata más bien de una invisibilidad basada en una demasiada visibilización de otras vocaciones. En determinados contextos, cuando alguien expresa -  tengo vocación -  se supone inmediatamente que la persona se quiere encaminar hacia la vida religiosa o el sacerdocio. Sin embargo, una de las señales más fuertes de la vitalidad de la Iglesia es precisamente el hecho de que laicos y laicas vivan su compromiso y su seguimiento a Jesús con total convencimiento y dedicación.
 
A nivel eclesial, durante los últimos años se han privilegiado movimientos laicales de todo tipo, pero sin mezclas. Se ordenan sacerdotes, se hacen votos religiosos… pero dejando claro y subrayando lo específico de cada una de las vocaciones y esto se concreta en celebraciones también específicas. Lo hermoso de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos es que tradicionalmente la institución de ministerios ha estado dentro de la lógica del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium): todos somos Pueblo de Dios y hay diversidad de carismas. Por eso pueden y deben estar juntos en la misma celebración los ministerios ordenados y los ministerios laicales. Todos formando parte de ese pueblo de la alianza que quiere vivir el seguimiento a Jesús. El mensaje y la experiencia espiritual que hay detrás de todo ello, es un tesoro que debe cuidarse.
 
El domingo 8 de septiembre, en el marco del día de la Churonita, Nuestra Sra. del Cisne, nuestra patrona, celebramos la solemne Eucaristía de la fiesta presidida por Mons. Mietto en la que se volvían a instituir ministerios, después de dos años de interrupción. La ceremonia fue serena, hermosa, honda. Y cada uno y cada una de los flamantes ministros presentaba firmemente su respuesta al llamado con el: ¡Aquí estoy Señor!,
 
 
 
Los aprendizajes:

-          que Dios apoya y fortalece a quienes se arriesgan a dejarlo todo por su evangelio.

-          que la diversidad de los carismas en la Iglesia produce mayor alegría y  esperanza que la uniformidad o la masificación.

-          que mirando el mundo desde los pobres y compartiendo con ellos y ellas los altares y las mesas, se rompen las fronteras de la exclusión y el miedo.

Porque Dios es así, démosle gracias.