martes, 10 de septiembre de 2013

Retiro Escuela de Ministerios

7 SEPTIEMBRE, 2013: ¿Un día cualquiera?
 
Cada día tenemos muchas oportunidades para dar gracias por lo que recibimos. Y esa experiencia es la que nos ayuda a llegar a nuestra plena humanización porque comprendemos  que en realidad - a pesar de que pensemos que tenemos merecido un justo descanso, o que nos reconozcan el trabajo, o incluso que nos castiguen si hacemos mal – el Misterio de Dios es quien está detrás de todo eso que nosotros denominamos justo y merecido y que su providencia hace que ni un pelo de nuestra cabeza caiga sin su consentimiento.
 
El sábado 7 de septiembre, fue uno de esos días comunes y corrientes. Lo que hizo que tuviera especial significado fue la experiencia colectiva de GRACIA de Dios que compartimos en un contexto de oración por la paz en Siria y en el mundo entero, incluyendo nuestra tierra. Nos convocamos al tradicional Retiro de la Escuela de Ministerios de nuestra Iglesia de San Miguel de Sucumbíos. Éramos un poco más de 70 hermanos y hermanas que nos pudimos encontrar de los 130 ministerios reconocidos.  El objetivo era prepararnos interiormente para la celebración de la institución de ministerios laicales del domingo, día de nuestra fiesta de la Churonita y fiesta de los ministerios en la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos.


 
Pudimos reconocernos en la fe de María de Nazaret y la de algunas mujeres creyentes del pueblo de Israel. Descubrimos cómo Dios teje la historia en medio de múltiples circunstancias y dificultades. Y las personas que se fían y se arriesgan son las que pueden experimentar más allá de sus posibilidades o debilidades esa fuerza misteriosa y escondida de un Dios que no se rinde.


 
Fue hermoso el testimonio de los 13 ministerios que iban a ser instituidos, compartiendo desde su experiencia de fe. Todos ellos y ellas personas de trayectoria y años en la comunidad cristiana, gentes sencillas y humildes, que han sido capaces de permanecer cada día animando, alentando y dando vida al germen que Dios mismo ha puesto en esta Iglesia a través de su Espíritu. No son gente muy estudiada, pero tienen muy clara su vocación al seguimiento de Jesús. Esa firmeza ni prepotente ni con ostentación, produce una gran admiración.


 
Igualmente significativo fue el testimonio de solidaridad, apoyo y sinodalidad de todas las personas que participaron en el encuentro. Podrían haber pensado que aquello sólo era algo para quienes iban a recibir el ministerio, pero no era ésta la lógica: había que acompañar la experiencia de aquellos otros hermanos y hermanas. Esa experiencia compartida dio alegría, hondura y fortaleza.

 
Dios nos sorprende constantemente y si nos abrimos a su sorpresa, quizás los días comunes y corrientes se transformen en frescura y novedad permanente.